´Eluana, un acto de amor´, Pilar Rahola

Aurora Bau, dirigente de la Associació Dret a Morir Dignament, decía ayer en Els matins de TV3 que la lucha del padre de Eluana para que dejaran de alimentarla artificialmente era un inmenso acto de amor. "Lo fácil es dejarlo todo igual. Lo difícil, y que requiere mucha capacidad de amar, es tomar la decisión de acabar con ese sufrimiento". Ciertamente, saber que la decisión personal marcará el último aliento de un ser querido, es una honda responsabilidad que requiere de una grandeza de espíritu excepcional. Ni resulta fácil, ni banal, ni resulta inmisericorde. Muy al contrario, es difícil, es profundo y nace de un gran sentido de la caridad. Al fin y al cabo, cuando la vida de un ser querido se aguanta estrictamente por el acto reflejo del respirar, y sólo nos queda el automatismo orgánico, desprovisto de mente, recuerdos, emociones..., amar no significa mantener con vida, a cualquier precio, los restos de ese ser, sino dejarlo ir.

Amar es dejarlo marchar... Así lo entendió el padre de esta joven italiana cuyo cuerpo se ha mantenido vivo durante 17 años enganchado a un cerebro inerte. Desde el primer momento en que los médicos certificaron la situación irreversible de su hija, Beppino Englaro inició una batalla legal para cumplir con el testamento oral de Eluana, quien había asegurado - como queda ratificado en la sentencia del Supremo italiano-que nunca desearía un final como el que ha tenido. Beppino Englaro ha hecho lo correcto, ha peleado por los derechos de su hija en los tribunales, ha apelado a la ley, y la ley le ha dado finalmente la razón. El resto del proceso, y del debate que ha suscitado, es sobradamente conocido. Veamos las aristas de este caso tan brutal.

La arista legal. Tanto en Catalunya, con el testamento vital, como en el global de España, con la ley del 2002, este tema está perfectamente regulado: los tutores legales de una persona en situación de coma irreversible son los que deciden si se mantiene la alimentación artificial. No hay debate, por tanto, sino un sentido común legal, altamente encomiable. En Italia, sin embargo, la ley era suficientemente ambigua como para haber provocado años de lucha de unos padres por la dignidad de su hija, un larguísimo proceso judicial y una decisión final que ha acabado con un enfrentamiento entre poderes del Estado, un escándalo político de primer orden y una caótica situación legal. La primera conclusión, pues, es clara: en cuestiones de naturaleza tan delicada, una ley ambigua siempre resulta ser una pésima ley. Sobre todo porque entonces puede convertirse en el cultivo de demagogias políticas obscenas que usan el dolor de una mujer en coma para vender su producto ideológico. Así ha ocurrido en Italia, donde Silvio Berlusconi, con la impagable ayuda del Vaticano, ha protagonizado un alucinante pulso con el Estado de derecho, hasta el punto de poner en riesgo la propia solidez del sistema. Respecto al Vaticano, una cuestión. No entro en sus posiciones morales, porque sólo atañen a los católicos y, como dijo el propio padre de Eluana, en tanto que no católico "no le afecta". Aunque cabe recordar que muchos creyentes harían lo mismo que Beppino en parecida situación. Dios tiene poco que ver con un tubo gástrico, puesto artificialmente, y usado para alargar la vida de un ser casi muerto, más allá de su propia conciencia. ¿Dónde está Dios? ¿En quien mantiene esa situación insostenible durante décadas? ¿O en el padre que, amando, pide acabar dignamente? Pero sí que cabe criticar a un Vaticano que, más allá de sus posiciones religiosas, actúa como un poder político dentro del Estado, ejerce una enorme presión sobre el cuerpo legal e intenta cambiar las leyes civiles. Ese Vaticano tiene poco que ver con Dios y mucho que ver con la guerra de partidos. Es decir, tiene más que ver con lo terrenal del césar, que con lo divino...Pero si el Vaticano actúa como sospechoso habitual, nada sorprendente por otro lado, lo de Berlusconi es un escándalo de primer orden. En su delirante cruzada ideológica, Berlusconi se ha burlado del Supremo, ha amenazado a sus propios ministros, ha demonizado a la clínica de Udine donde estaba Eluana y ha presionado hasta límites inconcebibles el Estado de derecho. Su cruzada ha sobrepasado ampliamente la frontera que separa la autoridad de un presidente del autoritarismo.

Ante la ley, Berlusconi ha usado el poder, hasta el abuso. Ante los derechos de Eluana, ha optado por denigrarlos en aras de su cruzada ideológica. Y ante la simple caridad, ha demostrado su faceta más oscura como persona. Si algo no sabíamos de Berlusconi, Eluana nos lo ha dicho.

La arista moral es más compleja y atañe a lo más profundo. La actitud de cada cual ante la vida y la muerte no es una materia debatible, y el amor puede estar en ambos lados de la balanza, en aquellos que deciden mantener y en los que deciden desconectar. Por ello, las leyes deben ser claras. No para obligar a todos a hacer lo mismo, sino para permitir optar, en un momento tan crítico, en función de lo que cada cual siente sinceramente. Un Dios para algunos. Una conciencia para cada uno. Y una ley que los ampare a todos.

11-II-09, Pilar Rahola, lavanguardia