´Hoy por ti, mañana por mí´, Quim Monzó

He tenido que releer la noticia para convencerme de que realmente pone lo que había entendido la primera vez: que el Ayuntamiento de Girona se ha visto obligado a suspender un concurso de méritos porque, de los tres aspirantes, dos eran miembros del jurado. Tal cual.

La noticia aparece en el imprescindible Diari de Girona. Se ve que el Ayuntamiento había convocado un concurso de mérito para ascender a diversos cargos del área de Urbanismo. Al concurso se presentaron tres candidatos, todos empleados municipales. Una era Rosa Cánovas, jefa de Patrimoni. Otra era Joana Mendieta. El tercero era David Bancells. Y hete aquí que al ver que –como se ha anunciado en el párrafo anterior– Rosa Cánovas y Joana Mendieta no sólo eran aspirantes sino también parte del jurado, el tercero en discordia, David Bancells, decidió presentar recurso "al entender que había que recusar como miembros de la comisión de valoración del concurso de méritos a las dos aspirantes".

Ante esa situación inesperada (inesperada porque no debía entrar en los cálculos del Ayuntamiento que alguien rechistase) han decidido suspender el concurso, declarar recusadas a Rosa Cánovas y Joana Mendieta, y ponerse a estudiar el caso, a ver qué deciden. La situación es fascinante toda ella pero, de entre toda esa fascinación, se lleva la palma la estratagema que el Ayuntamiento preparó con mano maestra: "Las dos trabajadoras municipales no hubiesen tenido que valorar directamente sus propias capacidades para el cargo". Caray. ¿Y cómo lo habían montado para que las dos aspirantes no tuviesen que valorar sus propias capacidades para el cargo si formaban parte del jurado?

Muy sencillo: creando dos comisiones. Dos comisiones que debían valorar a los aspirantes en fechas diferentes. Veamos cómo: un día, en una comisión, Rosa Cánovas hubiese valorado las aptitudes de Joana Mendieta y de David Bancells y, días más tarde, en la otra comisión, Joana Mendieta hubiese valorado las aptitudes de Rosa Cánovas y de David Bancells. Todo eso en pleno 2001.

¿Y David Bancells no hubiese valorado las aptitudes de Rosa Cánovas y de Joana Mendieta? Pues no, porque al ser un vulgar aspirante, sin más, y no un aspirante-jurado como las otras dos, no le tocaba más papel que acatar la decisión con una inclinación de cabeza. De hecho, ni siquiera acabo de entender cómo fue que David Bancells se presentó. Ganas de hacerse notar, supongo. Aún más asombroso hubiese quedado todo si hubiese habido sólo dos aspirantes: las dos, miembros del jurado. Así, un día, en una comisión, Rosa Cánovas hubiese valorado las aptitudes de Joana Mendieta y, días más tarde, en la otra comisión, Joana Mendieta hubiese valorado las aptitudes de Rosa Cánovas. Y a vivir, que la vida es corta.

10-III-09, Quim Monzó, lavanguardia