´Federico, sacrificado´, Miguel Ángel Aguilar

Consumatum est. La Cope va a relevar a su periodista estrella, Federico Jiménez Losantos, de la dirección del programa La mañana,a partir de junio. Para disimular, el presidente de la cadena episcopal, Alfonso Coronel de Palma, le ha ofrecido a Losantos que comparta el programa nocturno La linterna con César Vidal, su actual responsable. La solución, de aceptación o rechazo, será antes del martes. Celebremos que, sea el que sea, el examen de la situación económica de Federico esté fuera de peligro. Sus años en la Cope le han rendido el ciento por uno evangélico. Además, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, a imagen y semejanza de Dios nuestro Señor, no abandona a sus pajarillos y Losantos ha sido favorecido con la concesión de licencias de radio y televisión que, explotadas o vendidas, darán pingües beneficios que compartir con el socio Jotapedro. Felicidades.

Pero la remodelación de la Cope merece alguna aproximación analítica, tanto por lo que respecta al proceder de nuestros hermanos en el episcopado como por la actitud del sacrificado Federico. Los de la Conferencia Episcopal han dado pruebas de un cinismo aterrador prorrogado más de dos décadas. Han dejado sus antenas a la disposición de los sembradores del odio, del cainismo, de la discordia, de la difamación. Se han desentendido de las víctimas a las que se atizaba desde sus antenas, sin ofrecerles disculpas ni oportunidad de réplica. Los obispos, siempre solícitos poniendo deberes a los demás, se han considerado por completo exentos del más elemental ejercicio de esas responsabilidades que como propietarios de la cadena les correspondía de modo intransferible. Su intento de descargarse en el presidente de la empresa era de una hipocresía descarada

En cuanto al sacrificado Federico, subrayemos los reconocimientos de que es merecedor por su temeraria independencia, sobre todo respecto a la propia empresa. Si hiciera falta probarla recordemos cuando llamó masón al nuncio de Su Santidad, monseñor Manuel Monteiro de Castro. Porque, ¿alguno de nosotros tiene en su ejecutoria haber dicho o escrito un dicterio comparable, dedicado a los prebostes de la empresa editora que le paga?

7-IV-09, Miguel Ángel Aguilar, lavanguardia