´Fumar es un placer y, según donde, un deber´, Quim Monzó

A grandes males, grandes remedios. Así lo ha decidido el gobierno de Gong´ian, en la provincia china de Hubei, que ha ordenado a sus funcionarios que, cada año, consuman 230.000 paquetes de cigarrillos. Obligatoriamente. De cigarrillos producidos en Hubei, porque si los fuman de otros lugares (o simplemente no fuman), les caerá un palo, por no decir un puro. La intención es mejorar la economía local. Como los pitillos llevan un impuesto interesante, si mucha gente fuma, los fabricantes se benefician, la administración se beneficia, y se benefician los trabajadores, porque no se pierden puestos de trabajo.

La noticia la da el Global Times de Pekín. Para asegurarse de que la norma se cumple, la cantidad de paquetes fumados se controla por departamentos, de forma que es el cómputo total de paquetes consumidos en cada departamento lo que hace que les caiga o no la multa. O sea que, si en un departamento hay fumadores compulsivos, los paquetes de más que los compulsivos fumen pueden dejar de fumarlos los que sean poco fumadores o los que no fumen. Se trata, pues, de negociar con los compañeros. Y, sobre todo, no fumar nunca cigarrillos que no sean de Gong´ian, porque las inspecciones son estrictas. El Daily Telegraph narra una: "Una tarde, los funcionarios entraron de repente en una escuela y empezaron a escudriñar el cenicero y las papeleras de la sala de profesores. El ´equipo de consolidación de la mercadotecnia de cigarrillos´ descubrió tres pitillos ´incorrectos´ e informó al profesor de que habían quebrantado la ´norma de uso de cigarrillos´ que deben seguir los funcionarios". Ahora la escuela tiene que hacer autocrítica pública por insubordinación.

Hace un par de meses, en Arabia sentenciaron a treinta latigazos a un hombre al que pillaron fumando en un avión. En Escocia son menos violentos. Los fumadores de las zonas más desfavorecidas de Dundee reciben dinero a cambio de dejar el tabaco: 15,75 euros semanales durante tres meses. Más expeditivos los saudíes, más prudentes los escoceses, todos apuntan a un mismo objetivo. Los chinos, en cambio, implantan ahora cuotas de fumar obligatorias, impermeables al hecho de que el resto del planeta sea cada vez más consciente de los problemas que fumar conlleva. Siempre han sido muy suyos, y es esa una postura digna de alabanza en un mundo cada vez menos diverso. En Europa hablábamos hace unas semanas de los problemas de ese cartel de la Cinemateca Francesa en el que a Jacques Tati le han quitado la pipa de la boca y, para no incentivar el tabaquismo, se la han sustituido por un molinete. En China, está claro que no harían eso. En China, a Tati no sólo le dejarían la pipa sino que lo multarían por fumar menos del cupo estipulado.

7-V-09, Quim Monzó, lavanguardia