´La misteriosa arruga del traje valenciano´, Enric Juliana

Se respiran en Valencia aires de Galicia. A finales de febrero, cuando principiaba el caso Gürtel y bullía el asunto de los espías madrileños, en tierras gallegas comenzó a observarse una curiosa inversión térmica: a medida que la sonrisa de los dirigentes del Partido Popular se congelaba con la lectura matutina de los diarios, aumentaba la temperatura de sus más fieles electores. A mayor escándalo, más ganar de ir a votar al partido de la gaviota. Acabó despeñándose la ambiciosa cordada con la que Esperanza Aguirre planeaba alcanzar el palacio de la Moncloa, pero la escandalera no hizo perder ni un solo voto al PP en Galicia.

Las encuestas que estos días circulan por Valencia respiran aires gallegos. El Partido Popular podría superar el 50% de los votos en la comunidad y alcanzar un porcentaje más aplastante en la capital, donde reina la alcaldesa Barberà, Rita. Pese a que la abstención se prevé muy abultada - como en el resto de España-,el núcleo rocoso del PP parece motivado y con ganas de llevar la contraria a la corriente mediática dominante. Hay rebote por el escándalo y su eco en las pantallas.

ÁlvaroPérez, el Bigotes,personaje central de la trama, acude a declarar con aires de Don Serafín, el Bonito, aquel policía de la secreta de Luces de Bohemia (escena quinta: "pollo chulapón de peinado reluciente, con brisas de perfumería, que se pasea y dicta humeando un veguero"). Completa el esperpento José Tomás, el Sastre,que el jueves llegó al juzgado de la la mano de una cadena de televisión privada (grotesca escena que hubiese entusiasmado a Valle-Inclán). Una monumental falla se refleja en el espejo cóncavo del Callejón del Gato, mientras la economía se cae a pedazos. Esto es España y estamos en campaña electoral.

Los valencianos, que no tienen un pelo de tonto, ya intuyen cuál va a ser el desenlace. Los más socarrones llaman a Francisco Camps el Ninot Indultat (la figura que no arde en Sant Josep por decisión del jurado popular). Sí, se intuye el desenlace.

Otro es el Ninot que puede arder. El PSPV-PSOE, convertido en un yermo por el mandarinato de Joan Lerma, no conisgue despegar. El nuevo secretario, Jorge Alarte, es de cuajo lento y su número dos, Alejandro Soler, alcalde de Elx, se halla imputado por un presunto pago de facturas electorales a cargo del erario municipal.

Con el traje arrugado, Camps cuenta con el firme apoyo del área católica del PP, encarnada en la Generalitat por el consejero Juan Cotino, hombre muy bien informado (director general de la Policía en tiempos de Aznar). Pero el personaje clave vuelve a ser Rafael Blasco, el Gran Cardenal de la política valenciana. Decisivo dirigente del PSOE en los ochenta, Blasco dibujó los mapas con los que el PP logró conquistar el poder en los noventa. Relegado a un segundo plano por Camps (consejería de Inmigración), ha sido llamado con urgencia al puente de mando. Suya es la contraofensiva.

(Apunte final: si el PP valenciano gana por goleada las europeas y la instrucción judicial se desvanece antes del verano, Maquiavelo daría un consejo a los Borja. Quizá lo haya dado ya: convocar elecciones autonómicas anticipadas en otoño).

23-V-09, Enric Juliana, lavanguardia