descorazonador pasteleo con la Presidencia de la Comisión Europea

Casi nadie pone en duda la reelección de José Manuel Durao Barroso, en la cumbre de la semana próxima, al frente de la Comisión Europea, presidencia para la que el político portugués ya ha presentado su candidatura. Tiene no sólo el apoyo de su partido, el PPE, mayoritario en el Parlamento, sino también el de tres gobiernos socialistas, como son los de su país, Portugal, más los de Gran Bretaña y España. La cuestión que se plantea es si este nombramiento ha de ser provisional, como proponen Alemania y Francia, o debe ser definitivo, según defiende Suecia, país que asume la presidencia europea el mes que viene.

El nudo del problema es de tenor político-jurídico: La elección ahora del presidente de la CE se debe hacer por el Tratado de Niza, porque el de Lisboa está pendiente del nuevo referéndum irlandés, que se celebrará antes del otoño próximo. Algunos quieren evitar que esa elección definitiva dé argumentos a los contrarios al Tratado de Lisboa en Irlanda. Otros, an cambio, piensan que darle carácter provisional al presidente de la CE puede demorar la toma de decisiones, tanto por la crisis económica como por el desencanto europeo que se ha traducido en la elevada abstención en las urnas. Desde este punto de vista, es lÓgico que el Gobierno sueco defienda la elección definitiva para no vaciar de contenido su presidencia.

Pero también hay otras cuestiones que resolver. Si el nombramiento de Barroso fuera definitivo, habría un presidente de la CE elegido según el Tratado de Niza y una Comisión que deberá ser nombrada según el Tratado de Lisboa. Una contradicción que Sarkozy y Merkel tratan de evitar. En el fondo subyace que ni Francia ni Alemania quieren renunciar a la carta negociadora que supondrá, para la futura elección del presidente del Consejo, una vez aprobado Lisboa, el nombramiento del de la Comisión. Otros, se muestran remisos para poder negociar la composición del Parlamento Europeo. Es decir, maniobras políticas que empequeñecen la idea política de Europa. De ahí la abstención

11-VI-09, lavanguardia

Analizadas las elecciones en España y en cada uno de los países que han celebrado comicios para el Parlamento Europeo en los últimos días, si una cosa ha quedado clara es que los ciudadanos se encuentran hoy por hoy muy distantes del sueño de una Europa unida. Bien porque no creen que ese sea el camino que seguir, bien porque las últimas ampliaciones, lejos de reforzar la idea de que se iba hacia un proyecto compartido, han sembrado dudas sobre las fronteras reales de la Unión Europea. Lo cierto es que parece bastante difícil reflotar el proyecto de una manera artificial, cuando los niveles de abstención en las urnas son tan altos y, además, grupos políticos que en sus respectivos países quedan fuera de las cámaras legislativas o tienen una representación mucho menor acaban consiguiendo un asiento en la Eurocámara. Europa deberá repensar el camino. Quizás no será suficiente con elegir europarlamentarios y habrá que pensar en designar a través de las urnas también a sus órganos de gobierno y que los miembros de la Comisión Europea no acaben siendo un reparto entre los respectivos ejecutivos de cada país. El portugués José Manuel Durão Barroso ya ha dicho que aspira a un nuevo mandato, postura lógica, dada la presencia mayoritaria del centroderecha en la Eurocámara. Va a contar con los apoyos suficientes e incluso presidentes socialistas como Zapatero le van a apoyar. Pero no es tanto un tema de personas como de programas, objetivos y prioridades. Los ciudadanos se sienten alejados de la vía comunitaria, incluso aquellos que han sacado más partido a su integración. La crisis económica ha acelerado esta percepción. Mirar hacia otro lado no relanzará el necesario proyecto europeo.

10-VI-09, José Antich, lavanguardia