´El fantasma de Europa´, Josep Miró i Ardèvol

Un fantasma recorre Europa. Es el del desengaño. Degradada por la burocracia, las normas prolíficas de difícil comprensión, elaboradas por un Parlamento habitado por seres abducidos después de cada elección, y regida por no se sabe quién, la idea de Europa como destino manifiesto ha sido liquidada. Peor todavía, se ha convertido en un peligro para la democracia, porque a la par que aumentan sus atribuciones crecen la ignorancia y el desapego de sus ciudadanos. Una extraña élite legisla, guiada por los lobbies, mientras la ciudadanía, apática y desinformada, se transmuta en proletariado político.

Pero subsiste la necesidad insatisfecha de compartir una historia y un proyecto común, guiado por un conjunto de creencias y prácticas que susciten la adhesión porque muevan al sentimiento. Pero tal redención de Europa no será posible sin una reforma radical que la convierta en algo inteligible y sensible, que ponga fin a las intromisiones lejanas, al reino de las taifas estatales al grito de ¡qué hay de lo mío! Demasiados europeístas han confundido el pragmatismo con el vuelo gallináceo.

Cuatro medidas son básicas para esta restauración:

Primera. La formación de partidos a escala europea. ¿Cómo vaa existir un proyecto democrático común si el Parlamento está formado por un mosaico caótico de partidos estatales o nacionales? ¿Podría existir Estados Unidos sin demócratas y republicanos? Segunda, un régimen político bien definido: una confederación dotada de un poder central limitado a pocas y racionales competencias, como defensa, política exterior, energía, fronteras e inmigración, banco central y régimen monetario, estadística, normativa sanitaria y vigilancia epidemiológica, mercado, régimen financiero, y medio ambiente, como más evidentes. Tercera, un sistema presidencialista semejante al deEE. UU., lógicamente ceñido a las competencias de la confederación. Cuarta, un Senado formado por dos miembros elegidos por cada gobierno estatal, y un Congreso elegido a la alemana: la mitad por circunscripciones unipersonales, de manera que los ciudadanos tengan su diputado, y la otra mitad por listas proporcionales a escala de toda la Unión. El diputado y el presidente elegidos directamente como garantía del vínculo personal con la confederación. El Senado como representación de los poderes estatales. La mitad de los diputados elegidos por listas en la circunscripción única europea, como expresión del conjunto confederal.

Eso, o viviremos la caída de los dioses (-cillos).

15-VI-09, Josep Miró i Ardèvol, lavanguardia