┤Memorias de ┴frica (que empezaba en los Pirineos)┤, Enric Juliana

Sostiene el profesor Ruiz-Domenèc que la Paz de los Pirineos levantó una muralla. La Muralla. El tratado pirenaíco de 1659 -previa disolución de la brevísima República Catalana de Pau Claris y extinción del protectorado francés sobre la marca catalana que quiso ser independiente- reforzó la onda soberanista de los acuerdos de Westfalia. La monarquía española declinó como estandarte del orbe católico, el Papa de Roma comenzó a perder poder de intermediación y comenzó a gestarse el moderno concepto de nación.

Quizá España nació entonces, cuando fueron sellados los Pirineos, y no el 2 de Mayo de 1808, como sugiere el moderno ilusionismo españolista, subyugado por la mística de la insurrección. Quizá España nació en los Pirineos y no en Covadonga.

Los Pirineos se cerraron a mediados del siglo XVII y habrían sido reabiertos siglo y medio después, de haber triunfado la marea napoleónica. La furia española dijo no al vanguardismo bonapartista y Stendhal se lo tomó muy mal. "Sangre, costumbre, lenguaje, modo de vivir y de combatir, en España todo es africano. Si el español fuera mahometano sería un africano completo", escribió el autor de El rojo y el negro,despechado por el rechazo hispánico a la invasión. Stendhal nunca entendió muy bien en qué consistía aquella extraña coalición del clero con las oligarquías locales y con lo más raso del pueblo. España era - y sigue siendo-,un país de juntas.

El Timbaler del Bruc tocó lo que seguramente no tenía que haber tocado y como en un cuento oriental los Pirineos se cerraron. Hasta que el 12 de junio de 1985, Felipe González firmó el acta de adhesión de España a la Comunidad Económica Europea. Al día siguiente, los diarios, unánimes, dijeron queÁfricaya no empezaba en los Pirineos.

Años atrás de la gesta felipista, cuando aún eramos africanos, el intento más serio de reabrir la muralla pirenaica consistió en la construcción del túnel de Somport (1908-1914), iniciativa de Juan Faustino Bruil y Olliarburu (ministro de Hacienda en el bienio 1855-56, gobernando los liberales), prohombre zaragozano que facilitó la llegada a España de capitales extranjeros mediante la ley de sociedades anónimas de préstamo y crédito.

Bruil tuvo una visión: las naranjas de Valencia podrían llegar más rápidamente a los restaurantes de París construyendo un corredor ferroviario central entre Zaragoza y la ciudad francesa de Pau. (Bruil también tuvo otra visión: hacer navegable el Ebro desde Tudela para poder comerciar mejor con Catalunya) Tenaces y tozudos, los aragoneses se pusieron manos a la obra. El rey Alfonso XIII inauguró en 1928 la estación internacional de Canfranc, pero los militares españoles nunca vieron aquel proyecto con buenos ojos, obligando a construir varias y costosas fortificaciones militares a lo largo del recorrido (torre de fusileros entre Canfranc y Villanúa, fuerte de Coll de Ladrones en Canfranc, y fuerte de Rapitán en Jaca, dotado este de cañones procedentes de los últimos desastres navales del 98). Áfricareinaba entonces en los cuarteles y la estación de Canfranc - una de las más grandes de España-pronto se convirtió en una de las joyas escondidas de los Pirineos. Cien años después, la administración regional aragonesa pretende rehabilitarla como hotel de montaña y en las entrañas del túnel de Somport funciona un laboratorio subterráneo para la investigación de los neutrinos. Bruil buscaba el Mediodía francés y los mercados de abastos de París. Estrangulado el corredor ferroviario central, en Somport-Canfranc ahora buscan la Materia Oscura. Los Misterios del Universo.

Los Pirineos también contribuyeron a que el ferrocarril fuese puro nacionalismo en España. El ferrocarril ha sido un gran vector del nacionalismo en todo el mundo. Puestos los cimientos de la moderna soberanía en los tratados de Westfalia, trenes y diarios dieron nervio y alma a la Nación. El ancho ferroviario español - asumido pronto por los portugueses y bautizado desde entonces como ancho ibérico-dificultaba nuevas invasiones transpirenaicas y respondía mejor a las dificultades de la tortuosa orografía hispánica: se necesitaban locomotoras más potentes y estas, equipadas con grandes calderas, exigían un ancho mayor para mantener la estabilidad de los trenes. Aún lo estamos pagando. Política y geografía siempre van de la mano.

Sobre ancho ibérico el general Francisco Franco se dirigió veloz al paso de Hendaya para negociar con Adolf Hitler los términos de la astuta implicación española en la Segunda Guerra Mundial. Allí donde los dos anchos se encontraban sin diálogo posible, en Portbou, se suicidó Walter Benjamin (27 de septiembre de 1940), huyendo de los nazis. Creyó que su camino se había agotado y que no podría saltar la muralla de los Pirineos.

Hendaya, Somport, Viella, Portbou, La Jonquera..., puertas apenas entreabiertas durante años. El ingreso en la Comunidad Económica Europea, decíamos, abatió la metáfora africana. Los Pirineos dejaban de ser una barrera política infranqueable. Se había cumplido la profecía terrible y desairada de Stendhal: "Los españoles perdieron una ocasión que no volverá a presentárseles por el resto de los siglos. Aunque la nación española se sienta muy contenta en su estercolero, tal vez dentro de doscientos años logrará arrancar una constitución; pero una constitución sin más garantía que ese viejo absurdo al que llamamos juramento, ¡y sabe Dios, además, con qué ríos de sangre habrá de comprarla!" (Notas sobre Napoleón,1818).

Los Pirineos se evaporaron como metáfora política en 1985. Luego vino el tratado de Schengen (pactado en junio de 1985 y desplegado diez años más tarde) y Europa parecía una gran llanura sin fronteras ni pasaportes. Fueron unos años felices.

Durante un tiempo, la globalización adoptó la forma de una esfera plana y sin relieves. El mundo parecía haberse vuelto ageográfico: ordenadores, teléfonos móviles y conexiones de internet crearon la ilusión de que todo comenzaba a ser posible desde cualquier lugar del mundo. Las telecomunicaciones abatían barreras. El GPS pulverizaba la vieja noción de mapa. Así fue yasí sigue siendo... con algunas correcciones de última hora.

La crisis, o lo que es lo mismo, el estallido de la fenomenal burbuja especulativa que ha dado lógica al mundo durante los últimos años años, convierte el mundo en un lugar más geográfico.Brutalmente ralentizado el giro de ingentes masas de dinero alrededor del planeta - porque los transportistas financieros no se fían los unos de los otros-una nueva pregunta se impone. Ya no basta con la clásica e imprescindible interrogación sobre a dónde vamos. Hoy la pregunta más política, la pregunta más pertinente, es: ¿dónde estamos?

¿Dónde estamos? Estamos en la vertiente sur de los Pirineos y la contracción de la economía obliga a buscar oportunidades más allá de la megunate explotación de la España solar (sol y suelo). Reaparece la visión de Bruil: puertas, más puertas en los Pirineos, para generar nuevos espacios y oportunidades Los vascos quieren que el AVE llegue cuánto antes a Burdeos y la intuición de una posible región atlántica rompe los corses de la mítica Euskal Herria. Los aragoneses miran Somport con melancolía (al otro lado hay un parque nacional que París no quiere hollar) y sugieren a los franceses abrir un nuevo túnel bajo el macizo del Vignemale para hacer realidad el corredor central. Valencianos y catalanes convergen, ahora sí, en dirección a Montpellier. Rápido, rápido. Stendhal sonríe. París tiene la llave

24-VI-09, Enric Juliana, culturas/lavanguardia