┤Temblor de 4║ en la escala ┤No vamos a ser menos┤┤, Enric Juliana

El seísmo es de 3,5 grados –quizá cuatro–, en la escala No vamos a ser menos, baremo que en España sustituye a la tabla del doctor Charles Francis Richter en la medición de los temblores autonómicos.

"No vamos a ser menos, no vamos a ser menos" es el grito fundacional de la moderna democracia española. "No vamos a ser menos que los catalanes", gritó el socialismo andaluz el día en que Felipe González y Alfonso Guerra autorizaron a Manuel Escudero y José Rodríguez de la Borbolla a izar con orgullo la bandera verdiblanca de los omeyas, que no del Betis. (El grito fundacional podría haber sido otro. Podría haber sido "no vamos a ser menos que los vascos y los navarros", pero cómo dicen en el sur, lo que no puede ser no puede ser y además es imposible).

Temblor de entre tres y cuatro grados, a la espera de lo que decida mañana el Consejo de Política Fiscal y Financiera y de que en los próximos días se conozca mucho mejor el detalle del nuevo modelo de financiación, puesto que los números no acaban de cuadrar y puede haber inesperadas decepciones.

Un temblor moderado en la opinión pública, que en ningún caso alcanzará los 7,5 grados del gran terremoto de octubre del 2005, cuando el nuevo Estatut de Catalunya fue presentado en el Congreso de los Diputados. No, esta vez ninguna mano anónima pintará "no entrar, que son catalanes" frente al supermercado de la calle Castelló esquina María de Molina, muy cerca de la redacción de La Vanguardia en Madrid. A ningún descerebrado se le ocurrirá señalar ahora a los nuevos judíos, como si estuviésemos en el Berlín de 1930, entre otras razones porque la cadena Caprabo es hoy de propiedad vasca y con los vascos, vete a saber por qué, siempre hay en Madrid un mayor cuidado.

No, esta vez no habrá boicot a los productos catalanes, pese a que el nuevo modelo de financiación es el destilado principal de aquellos meses de ira. En el verano del 2009 no se repetirá la felonía del boicot, el insensato amago de enfrentamiento civil, porque esta vez los agitadores no cuentan ni con el apoyo del Partido Popular, ni con la protección del episcopado visigótico, digo, católico.

El PP no quiere volver al 2005. A Mariano Rajoy, más autónomo que nunca de los poderes fácticos de la derecha, ahora no le empujan desde fuera. Pese a los barullos internos (la sombría situación del tesorero Bárcenas y los aprietos en la sisa de Francisco Camps, más aparatosos que dañinos para la duradera hegemonía de la derecha en Valencia), el jefe de la oposición parece dueño de su cartografía y tiene calculado que puede ganar las próximas elecciones generales mejorando posiciones en Catalunya.

Rajoy no participa de la fantasía de una España levantada como un solo hombre contra los catalanistas, ese españolismo onírico que tanto ha seducido a Esperanza Aguirre y a su corte regional. En los mapas que el sociólogo Pedro Arriola dibuja para la calle Génova, a fecha de hoy esa ruta no existe. (A fecha de hoy, mañana ya veremos. Arriola tensa y destensa según se van moviendo las encuestas). Aunque algunos no se enteraron a tiempo, esa fantasía, la del levantamiento de una España granítica contra el voraz catalanismo, dejó de existir el día en que Javier Arenas, el astuto Arenas de la Unión de Centro Democrático, convenció a Rajoy de que bajo ningún concepto el PP debía volver a pasar por el amargo trance del 28 de febrero de 1980, cuando el gobierno Suárez perdió el referéndum con el que intentaba frenar el rápido y pleno acceso de Andalucía a la autonomía. ("No vamos a ser menos, no vamos a ser menos").

Hace cuatro años, cuando Arenas convenció a Rajoy de que no podía oponerse al segundo Estatuto andaluz, quedó enterrada la fantasía estratégica del choque frontal con Catalunya. "Qué error, qué inmenso error", repetía aquellos días Eduardo Zaplana, ariete de la Triple Alianza (Grupo Parlamentario Popular, diario El Mundo y las mañanas de la Cope). Ellos sí creían en el choque del carnero, espectáculo generador de audiencias. Todo conflicto extremo origina un público entusiasta, pero no siempre garantiza una mayoría electoral. (Pensamiento Arriola).

De la tripleta del 2005 sólo resta en primera DANI DUCH línea el periodista Ramírez, el más listo de todos. Zaplana es hoy alto cargo de Telefónica y el radiofonista Losantos se despide en fecha próxima de la cadena Cope, donde el cardenal Antonio María Rouco Varela no ha podido sostenerle por más tiempo. El Vaticano, como es bien conocido, dijo basta hace meses. (Comentario recogido la semana pasada en Roma, en una oficina del recinto vaticano no muy alejada del palacio Apostólico: "El cardenal Bertone, secretario de Estado de Su Santidad, sigue con mucho interés los avatares de Catalunya...").

No, lo que no puede ser no puede ser y además es imposible.

Lo cual no quiere decir que al Gobierno la jugada - muy bien puesta en escena por el Gabinete de José Montilla, con el concurso de ERC-le vaya a salir gratis. Impera en más de media España la sensación de que Zapatero ha organizado una gran tómbola con algunos números trucados.

14-VII-09, Enric juliana, lavanguardia