´Espaguetis con frutos de mar´, Quim Monzó

Un día, en un episodio de Los Soprano nos enteramos de que Junior - el tío de Tony que aún es, o cree ser, capo de la familia-es un experto cunnilingüista. Su novia está encantada. Pero es tan poco precavida que, en la peluquería a la que van todas las esposas de los mafiosos, se pone a explicar sin demasiados reparos la destreza de su novio. Las otras - con la cabeza dentro del secador y ojeando revistas-ríen por lo bajinis. Y al llegar a casa lo cuentan a sus maridos. De modo que, en la siguiente ocasión en la que Junior, Tony y algunos otros se reúnen para jugar a golf, Tony empieza a meterse con Junior. De repente se detiene, husmea el aire y dice cosas como: "Alguien de por aquí ha estado comiendo sushi...". Y al cabo de un rato: "¿No notáis como un olor a sushi?". Los demás se aguantan la risa. Junior pilla la indirecta y, cuando vuelve a casa, coge a su novia y la pone de patitas en la calle. Y aún gracias.

Aquella escena me vino a la memoria anteayer cuando leí en El País un artículo de Roberto Saviano, el autor de Gomorra.Es un artículo sobre el código sexual de los mafiosos, una pieza corta y contundente que deja claro cómo sexo, poder y machismo están ahí imbricados y estipulados, y que sus normas sexuales se rigen por reglas que la mayoría de los occidentales abandonó hace tiempo.

Las reglas para las mujeres son demenciales: "Pueden ordenar una muerte pero no pueden permitirse tener un amante o abandonar a un hombre. Pueden decidir invertir en un sector del mercado pero no maquillarse cuando su hombre está en la cárcel. Vestirse con elegancia, maquillarse mientras su marido está encarcelado quiere decir que lo hacen para otros". Para los hombres las reglas van encaminadas a no dar nunca ninguna muestra de sometimiento.El título del artículo es "Nunca debajo de una mujer". Porque "si mientras haces el amor decides estar debajo, estás eligiendo someterte incluso en la vida de todos los días". Otra norma: nada de "sexo oral". Porque "recibirlo es lícito, hacérselo a una mujer es de perros".

La escena de Los Soprano me interesó tanto que - tras haberla escuchado en inglés, con la metáfora del sushi-,cuando acabé el capítulo decidí volver atrás y escuchar la versión española. En América, desde hace un montón de décadas el sushi es el pan nuestro de cada día, pero aquí, a pesar de que desde hace un par de lustros se ha convertido en algo normal, es evidente que su grado de popularidad es aún menor. Y fue así como descubrí que, en la versión española, en esa escena en la que los mafiosos juegan al golf, las frases que Tony dice para burlarse de Junior no hablan de sushi sino de almejas: "Alguien de por aquí ha estado comiendo almejas..." y "¿No notáis como un olor a almeja?". Pensé que el traductor había sido inteligente, porque, al no ser fiel a las palabras, había sido completamente fiel al sentido.

17-VII-09, Quim Monzó, lavanguardia