┤Sentirse bien┤, JosÚ Antonio Marina

...como ya dijo el viejo y sabio Aristóteles, todos los seres humanos aspiramos a la felicidad. Pero el recuerdo del sabio griego me sobresalta, porque para él -y para todo el pensamiento europeo hasta ayer- la ciencia responsable de la felicidad era la ética, mientras que ahora es la psicología.

Este cambio está provocando serios problemas educativos. Durante toda la historia de la humanidad, la educación había tenido como objetivo promover el buen comportamiento de niños y adultos, y desarrollar sus facultades para que lo consiguieran. Pero hace medio siglo, la educación cambió de objetivo. Ahora, lo importante es que el niño y el adulto se sientan bien. Sólo si se sienten bien obrarán bien. Comenzó, por ejemplo, la moda de la autoestima. La autoestima no es el resultado de obrar bien, sino el requisito para hacerlo. ¿Porqué algo tan evidente puede plantear problemas? Pues porque a veces actuar bien resulta incompatible con sentirse bien, sobre todo si hemos identificado este estado con la ausencia de sentimientos tan desagradables como el sentido de la obligación, el esfuerzo, o el remordimiento. Los padres no quieren que sus hijos tengan una vida tan dura como la suya y se esfuerzan en evitarles todos los sinsabores. Es un sentimiento lógico. todos desearíamos que nuestros hijos nunca se sintieran decepcionados o defraudados, que vivieran en el País de Jauja, donde todos sus deseos se cumplieran por el simple hecho de enunciarlos. Pero el mundo real, por desgracia, no es así. El no haberlos educado para soportar la frustación y el esfuerzo, es decir, para soportar sentimientos desagradables, los hace extremadamente vulnerables y frágiles. Cuando se enfrentan a la frustación -cosa irremediable- sólo se les presentan dos caminos a cual peor. Uno es la depresión: el mundo es hostil y soy incapaz de soportar su dureza. El otro, la agresividad: los docentes, los padres o el mundo en general me están maltratando, porque no me dan lo que merezco, y me las pagarán.

Una vez más se pone de manifiesto que también el amor ha de ser inteligente, porque, como todo el mundo sabe, hay cariños que maran.

19-IX-09, José Antonio Marina, es/lavanguardia