´Del tostón a la ´merde´...´, Pilar Rahola

El debate jurídico-periodístico es nuevo y complejo, y responde a estos acelerados tiempos de caza obsesiva de la intimidad ajena. Por mucho que la "prensa seria" se esfuerce por denostar los programas televisivos que juegan con la fascinación enfermiza del clásico mirón (aquello que mi querida Mercedes Milá llamó un "experimento sociológico"), lo cierto es que el lenguaje del Gran Hermano ha penetrado en todos los estamentos de la comunicación y ha connotado el estilo, las formas y, ¡ay!, también los fondos. Hoy tenemos telediarios más amarillos que antes, capaces de abrir la información con Belén Esteban, ode justificar, como "periodismo de investigación", lo que es una burda utilización de una cámara oculta. Y, por supuesto, tenemos telediarios más cercanos al viejo El Caso,felizmente instalados en las tripas de la crónica negra, que émulos de Cambio 16.Y uso el símil de estas dos viejas cabeceras sin ninguna nostalgia, porque es evidente que aquellos polvos no son, por suerte, los lodos actuales. Pero si alguien, en los tiempos sesudos de la interrogación permanente, se preguntó hacia dónde iría el periodismo del futuro, debió de imaginar horizontes más trascendentes. Muy al contrario, la tendencia a la banalización de valores que sufre el global de la sociedad también ha contaminado el noble arte del periodismo. Por supuesto, hay clases, y los mismos que criticarán duramente los programas del corazón - no en vano, estos espacios son los parias de la elitista sociedad periodística-publicarán tranquilamente los diálogos de un sumario secreto o las frases al despiste de un micrófono abierto. Empieza a valer todo, incluso la delirante técnica de leer los labios, para saber qué se han dicho tales políticos en un receso tonto. En tal caso, ¿tienen más culpa mirona los que hacen un concurso libre, donde gente libre se presta a meterse en una jaula, que aquellos que, desde la pretendida seriedad de su atalaya, utilizan las mismas técnicas sin que medie ningún permiso de por medio? ¿Es información el SMS privado que un político envía a un amigo, desde la libertad de su confidencia, o es el Sálvame de los diarios serios?Ahora ya sabemos que Joan Saura, en un raro momento de lucidez, consideró "un tostón" el discurso de Montilla, y Daniel Sirera, más lúcido aún, dijo que su partido "era una mierda". Es decir, sabemos que un político, en la intimidad, habla como cualquiera. ¿O es que alguien aguantaría el microscopio en su vida cotidiana? Esto no es información, es amarillismo disfrazado de noticia. Pura violación de la intimidad.

La cuestión no es si se trata de un comportamiento ético, porque no. La cuestión es la doble moral que imponemos al concepto: si lo hace Jorge Javier Vázquez, lo llamamos basura; si lo hacen los diarios serios, lo llamamos periodismo. ¿Cómo era aquello del ojo y la paja?

4-X-09, Pilar Rahola, lavanguardia