´Tiren de la manta´, Cristina Sánchez Miret

Tendría que pensar un poco para poder relatar exactamente -y no creo que lo consiguiera- todo aquello que ha salido a la luz en el caso Palau, o en el caso Pretoria, o en el caso Gürtel o en cualquier otro caso, sobre presuntos, reconocidos, probados o sentenciados robos, apropiaciones indebidas, malversación de fondos públicos, trafico de influencias, financiación irregular de partidos... En definitiva, sobre corrupción, que es un tema que no deja de ocupar últimamente la vida política del país y por ende toda la demás.

Corruptos y corruptores los ha habido y los habrá siempre; pero que nadie piense que esta afirmación significa que estoy de su parte. Las normas hay quien las cumple y quien se las salta; hay quien se aprovecha de los vacíos legales; y hay quien se mueve entre todo ello. Eso no puede sorprendernos, lo vemos a diario.

No todos actuamos igual, e incluso nosotros mismos no actuamos siempre de la misma manera y, aunque parezca lógico, no es aceptable escudarse en que no se puede comparar tirar un papel fuera de la papelera con apropiarse de fondos públicos. Evidentemente los hechos a los que me refiero son mucho más graves, pero el principio es exactamente el mismo.

Lo que sí debe sorprendernos es lo mal que funciona el sistema; el poco control que tiene sobre la actuación de los individuos, pese a tanta agencia, comisión, patronatos y no sé cuántos más organismos creados para este objetivo. Lo más impactante de estos casos es que ponen en absoluta evidencia lo fácil que parece que es hacerlo, y a lo largo de cuánto tiempo se puede actuar con absoluta impunidad.

No podemos dejar de observar cómo ha contribuido a que prosperaran lo poco que nadie ha hecho - en algún caso las denuncias o las sospechas sobre los hechos estaban documentadas años atrás-,especialmente aquellos que cobraban por hacerlo y cuánta parece ser que es la gente -y no me refiero a los implicados- que estaba al cabo de la calle en lo que a estos hechos se refiere. Es esta connivencia uno de los peores aspectos del problema. Es lo que más desafección crea y lo que más contribuye a hacer pensar que todo funciona igual, aun cuando eso no sea cierto. Hemos de exigir, ante todo, control efectivo y transparencia; y ello no es posible sin "tirar de la manta".

8-XI-09, Cristina Sánchez Miret, lavanguardia