ŽEl mundo sin MuroŽ, Xavier Bru de Sala

Hay que aprovechar la actualidad, reza el abecé del comentarista, y más si nos brinda ocasión de airearnos un poco, ahora que estamos, y no sin razón, demasiado centrados en nuestras interioridades menos agradables.

En el último cuarto de siglo, es obvio que la historia ha sido marcada por la caída del Muro y el atentado de las Torres Gemelas, con sus corolarios del fin, incruento, de la guerra fría y el inicio de las guerras de Iraq y Afganistán. Está asimismo comúnmente admitido que el modelo de las democracias occidentales no tiene alternativa, o no tiene otra alternativa que la dictadura política, que se revela, de manera especial en China, más compatible con la economía de mercado y el modelo de crecimiento económico que con el sistema comunista, definitivamente periclitado. El capitalismo puede funcionar en dictadura, si bien con graves costes, el comunismo real resultó nefasto. Lástima que no se haya inventado el comunismo pluralista y democrático. Mientras no surgen teóricos que ayuden a imaginarlo, distinguiremos entre dictadura capitalista (en franca recesión gracias a la caída del Muro) y dictadura comunista, en el sentido de que la segunda elevó el control de la sociedad, de las personas, sus pensamientos y movimientos a niveles obsesivos, desconocidos por quienes no los hemos sufrido.

Mucho se ha informado sobre el desencanto de los habitantes de los países que estuvieron encerrados tras el telón de acero. Responde, según mi inmodesto parecer, tanto a la ausencia de tradición democrática como a las dificultades para asumir las propias responsabilidades, algo impensable en el régimen anterior. No se pasa en un santiamén de un estado policial a una democracia. En el primero, tal como contó magistralmente Kundera, los ciudadanos están obligados a denunciar al prójimo, incluidos los familiares, so pena de resultar sospechosos y en consecuencia discriminados por un poder omnipresente. La alternativa era bien clara: o cómplice, y por lo tanto embrutecido, o excluido. A los cómplices, que eran la inmensa mayoría, pues la alternativa consistía en la heroicidad, les bastaba con aceptar su propia indignidad, con lo que se ahorraban además todo esfuerzo suplementario en el trabajo. El comunismo funcionarizó a los trabajadores en el más uniformizador, abyecto y hasta kafkiano sentido de la palabra. Supervivencia y productos básicos asegurados con el mínimo esfuerzo a cambio de la degradación personal y moral. Las generaciones que fueron sumisas lo tienen crudo para asumir la libertad. No así las nuevas, las que ya han crecido sabiendo que deberán competir en algo que no consiste ni única ni principalmente en lamer las botas del de arriba. El Muro cayó, pero casi nadie advirtió, y al parecer siguen sin advertir, que dejó una herencia nefasta en las mentalidades, sólo recuperable con el paso de las generaciones.

Si no sobreviene un giro inesperado y no deseado de la historia, dentro de tres decenios, la celebración del cincuenta aniversario de la caída del Muro contará con una participación bastante más entusiasta de la ciudadanía. Por lo menos en los países que estaban en el Este y ahora comparten la Unión Europea con nosotros. ¿Y Rusia? Rusia es otra cosa. Rusia es una ex potencia traumatizada que está lejos de encontrar un camino hacia el bienestar más o menos general de su ciudadanía. Por ahora, se imponen por parte occidental la conllevancia, la zanahoria, el pago sin contrapartidas de su energía casi inagotable, el mirar hacia otra parte en vez de intentar poner coto a los crímenes y tropelías de la camarilla de desalmados que la gobiernan. Esperemos no tener que pagar algún día la imprevisión cortoplacista de hoy. ¿Y China? China es una dictadura política cada vez más permisible en cuanto a formas de vida. Rusia es una satrapía. China es fiable como socio. Rusia es chantajista (y la ayudamos a serlo). China tiene una estrategia viable. Rusia no. África está encantada con China. Nadie está encantado con Rusia, que vuelve a ser el terror de sus vecinos inmediatos. China avanza y es consciente de ello. Rusia sigue retrocediendo y se lo oculta. En el fondo, Rusia se esconde aún tras el Muro.

Rusos aparte, la caída del Muro ha resultado beneficiosa para miles de millones de ciudadanos. Ahí están los países emergentes, la realidad y las perspectivas de Latinoamérica, el salto de la gran mayoría de la población de Asia y el África,en especial la anglófona. Podría ser mucho mejor, y lo sería sin los dos mandatos de Bush, pero aun así no es precisamente un balance global desastroso. En él, la mayor incógnita consiste en la escasa capacidad de adaptación de la mayoría de los países musulmanes. El retraso histórico del islam, impuesto por las versiones dominantes de su religión, es un problema anterior a la caída del Muro. Persistirá durante muchísimo tiempo, pero permitan que esta semana, que es de celebración, sea menos pesimista que la anterior y que la próxima. Debe ser efecto del pedacito de Muro que arañé personalmente hoy o mañana hará veinte años.

13-XI-09, Xavier Bru de Sala, lavanguardia