´La carcoma´, Florencio Domínguez

Hace un mes fueron capturados Arnaldo Otegi y otros dirigentes de Batasuna. Ayer le tocó el turno a una treintena de miembros de la organización juvenil Segi. El mensaje del Gobierno a ETA y su entorno es claro: no se permitirá la continuidad de la actividad de las organizaciones que han sido ilegalizadas por sus connivencias con la organización terrorista.

El arresto de los miembros de Segi, al igual que el de Otegi y sus compañeros, es una muestra de la firme voluntad del Estado de no dar tregua a las estructuras afines a ETA mientras persista la actividad terrorista o quienes presumen de hacer política se hayan desmarcado de manera efectiva y constatable de la violencia. Esa firmeza ha provocado las primeras grietas en el mundo etarra.

En el entramado político etarra hay dos núcleos que agrupan a los incondicionales de la banda terrorista. Uno de ellos es Segi - antes Jarrai-que secunda sin reserva alguna la estrategia que marcan los jefes de ETA. El segundo foco es Ekin - antes KAS-que recientemente se ha reconvertido en Bateragune. Es el engranaje que actúa entre ETA y Batasuna o entre la banda y las otras organizaciones de su entorno para transmitir las órdenes de los terroristas y asegurarse el control. Segi y Ekin son los instrumentos principales, aunque no los únicos, empleados por ETA para hacer llegar sus instrucciones a las diversas organizaciones de su entorno. Lo eran antes de la ilegalización y lo siguen siendo después.

La presión policial y judicial sobre estos sectores afines a la banda está justificada penalmente por cuanto se trata de impedir la continuidad de una actividad ilegal pero, además, tiene efectos políticos importantes. Es esa presión la que está extendiendo en el entorno etarra la idea de que "la izquierda abertzale está en crisis" y que "la estrategia político militar está colapsada", tal y como se recoge en un documento elaborado por la dirección de ETA.

El primer paso para la victoria sobre el terrorismo es conseguir la desmoralización de los que apoyan a ETA y hacerles dudar sobre sus posibilidades de éxito. Y esto es algo que está consiguiendo la política de firmeza aplicada sin contemplaciones desde la ruptura de la tregua. En el seno de ETA se ha planteado recientemente si no fue un error volver a la actividad terrorista y poner fin a la tregua. ¿Había que darle el no? El que esa pregunta esté en muchas cabezas alimenta la tendencia a poner en duda lo que se ha hecho y lo que hay que hacer. Esa duda tiene tanta fuerza como para destruir a la izquierda abertzale desde dentro, como la carcoma, admite ETA en un documento interno.

Operaciones como la de ayer contra Segi o la de hace un mes contra Batasuna son útiles, desde un punto de vista político, no sólo para convencerles de que fue un error, sino para hacerles saber que no volverá a haber otra oportunidad como aquella.

25-XI-09, Florencio Domínguez, lavanguardia