ŽUn mundo menos libreŽ, Pilar Rahola

¿Vamos hacia un mundo más libre? Y me refiero a libre en el sentido de los valores que cuajaron, después de siglos de lucha, en la Carta de los Derechos Humanos. Del "no matarás" bíblico a las democracias modernas va un largo trecho de lucha por los derechos individuales, cuya plasmación en las sociedades actuales nos ha otorgado una cierta decencia como seres humanos. Sería aquello llamado civilización, que los filósofos recientes bautizaron como modernidad. En algún momento pareció que ese era el camino que debía seguir el mundo, si quería establecer parámetros de bienestar social, convivencia y derechos fundamentales. Y no me refiero a la perversa idea de imponer democracias a golpe de fusil, ni de exportar modelos inservibles en otras latitudes. Me refiero al consenso sobre unos valores básicos, cuya consolidación nos iba dando el termómetro de la buena salud humana. ¿Vamos, pues, hacia un mundo más democrático? Es decir, el epicentro occidental, que inventó la Liga de Naciones y creó la Carta de los Derechos, ¿aún conforma el paradigma del futuro? En lo económico es evidente que no, porque tanto China, como los países emergentes, como el petrodólar han picado tan sonoramente a la puerta que la han derrumbado. Sin ninguna duda pesa más, en el equilibrio económico, lo que pasa en Kuala Lumpur que lo que ocurre en Wall Street. No en vano, la dependencia energética nos ha herido de muerte. Pero la cuestión es saber si la vieja idea de Kissinger de que la libertad económica traería, pareja, la libertad ciudadana, es cierta. Y la respuesta es desconcertante. Ejemplo: resulta claro que las dictaduras islámicas compatibilizan el móvil vía satélite con la esclavitud de la mujer. Y en el caso de los países emergentes, algunos han demostrado que el Estado de bienestar no es necesario para enviar cohetes al espacio. Brasil o India son el ejemplo de sociedades donde millones de pobres garantizan la buena salud de la economía. El modelo europeo, pues, no parece ser el modeloque seguir.Ocurre lo mismo con los valores sociales, en clara remisión en todas partes. La idea de que las dictaduras representan una maldad humana es una verdad cada día menos cierta. Lula, por ejemplo, acaba de invitar al dictador iraní a Brasil, donde Ahmadineyad le ha explicado la bondad de su plan nuclear. ¿Importa que este tipo condene a muerte a homosexuales, a disidentes, a mujeres? ¿Importa que amenace con la destrucción a otro país? ¿Importa que se burle de la muerte de 6 millones de personas? Cada día importa menos, y no sólo porqué el color del dólar es más brillante que el dolor de las víctimas. Sobre todo porque hemos relativizado la bondad del modelo social basado en las libertades. Por eso Irán se burla del mundo. Porque el mundo actual está más cerca de Irán que de la Carta de los Derechos Humanos.

25-XI-09, Pilar Rahola, lavanguardia