"Nada nuevo bajo el sol", Quim Monzó.

Nada nuevo bajo el sol

En cuanto se ha sabido que la revisión del Estatut que nuestros próceres preparan prevé que todos los productos que se distribuyan en Catalunya se etiqueten en catalán y en castellano, las organizaciones patronales han dicho que no será fácil cumplir esa disposición. No por el castellano, claro está, porque en esa lengua ya están todos los productos etiquetados, y sin problema ninguno. El problema, para las patronales, es el catalán, mira tú por donde. Tan felices como se las prometían con el nuevo Govern liderado por los socialistas y ahora también éstos les salen con zarandajas semejantes a las que los convergentes proponían antes, cuando mandaban algo. Zarandajas que su pragmatismo y su apocamiento (seny, en catalán) hicieron que no se cumpliesen nunca. Pero con estos nuevos gobernantes, vaya, los patronos imaginaban que ya no tendrían ni que oponerse a nimiedades de ese estilo. Por fortuna, el nuevo bipartito PSOE-PP velará para que el Estatut resulte manso y emasculado.

La Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas dice que "parece difícil que los productores extranjeros acepten etiquetar en catalán los productos que venden en Catalunya". Curiosamente, no dice por qué le parece difícil. ¿Quizá los extranjeros tienen un fallo en el lóbulo parietal que les impide precisamente esa aceptación? Sea el lóbulo parietal o el frontal, la explicación debe ir por ahí, porque el responsable de comercio de otra patronal, Pimec, duda de lo mismo y, ya puesto, explicita qué grupo humano va a tener más difícil lo de etiquetar en catalán. Según La Vanguardia del viernes, el responsable en cuestión -de nombre Alejandro Goñi- "expresó ayer sus dudas de que los fabricantes foráneos, ´como por ejemplo los asiáticos, en un mundo cada vez más globalizado, etiqueten en catalán´". Que, de tantos fabricantes por elegir (americanos, europeos, africanos, oceánicos y asiáticos) escoja a estos últimos para evidenciar lo arduo de la propuesta indica, como mínimo, que los habitantes del continente antaño denominado amarillo tienen (todos ellos: chinos, mongoles, indios, japoneses...) una incapacidad genética insalvable, y que nadie le acuse de racista. Como buen patrono que debe ser, Goñi pide que los fabricantes catalanes (éstos, según parece, sin problemas genéticos ni de lóbulos parietales), si tienen que etiquetar en catalán, se les pague al menos por ello. Él lo dice con un eufemismo (que se les "apoye económicamente"), pero entre adultos ya nos entendemos. También pide que se les dé tiempo para adaptarse, porque, claro está, los tropecientos años que los de CiU les dieron para adaptarse han sido a todas luces insuficientes.

Llevamos décadas viendo cómo se dictan leyes lingüísticas que luego nadie hace cumplir. Que los que antes mandaban tuviesen el logo azul marino y éstos de ahora lo tengan bermellón no cambia en absoluto las perspectivas. Gente sabia y preparada, los empresarios saben todo eso, y también saben que el pragmatismo y el apocamiento de los políticos harán que, si la norma se dicta, no se aplique. Como siempre ha sucedido. Y si, llegado el caso, no bastase con el pragmatismo y el apocamiento de los políticos, ya se encargarán las mismas patronales de que, tal como dicen, sea difícil etiquetar en catalán.

lavanguardia, 19-I-2005