´Apropiación conjunta PSOE-PP de las Instituciones del Estado´, Jordi Barbeta

La justicia española ha alcanzado un grado de deterioro y desprestigio que para regenerarse tendrá que pasar por una catarsis que hoy por hoy resulta tan difícil de imaginar como imprescindible. Los rudimentos de la justicia y los escándalos de corrupción dibujan un funcionamiento arbitrario del Estado que es incompatible con cualquier sistema democrático. Lo señalan incluso los observadores internacionales. El diario británico The Guardian apuntaba esta semana como un "grave defecto de la España contemporánea la existencia de una justicia muy politizada y profesionalmente incompetente".

Y el proceso al juez Garzón ha puesto de relieve la batalla campal que libran jueces y fiscales a lo largo y ancho del país, rebelándose unos contra otros y despertando un guerracivilismo que inevitablemente va a tener consecuencias nefastas poniendo en riesgo incluso la convivencia democrática. El manifiesto de Jueces para la Democracia y la Unión Progresista de Fiscales no sólo sale en defensa del juez Garzón por la acusación de prevaricación. También afirma que "se rompe con valores constitucionales". Está claro que los valores constitucionales han dejado progresivamente de inspirar el modus operandi de las instituciones del Estado. El Consejo General del Poder Judicial, que el próximo día 22 tendrá que decidir si suspende a Garzón, se ha convertido en una centro de "tejemanejes, pasteleo y cambio de cromos", en opinión de uno de sus vocales. José Manuel Gómez Benítez optó por renunciar a su puesto en la Comisión de Calificación, la que decide el destino de los jueces, porque, según dijo, "algo tiene que cambiar para que los puestos de la cúpula de la carrera judicial sean copados por los más aptos y los que más méritos tengan".

La cuestión es que el único acuerdo tácito al que han sido capaces de llegar los dos partidos de ámbito español, el PSOE y el PP, ha sido apropiarse conjuntamente de las instituciones del Estado, repartirse los cargos uno por uno y, lo que ha sido más grave aún, teledirigir su actividad.

11-IV-10, Jordi Barbeta, lavanguardia