´La deriva de Goldman Sachs´, Manuel Castells

Y así fue como nos enteramos  de que la crisis financiera mundial del 2008 desencadenante de la crisis económica que envió al paro al 20% de los trabajadores españoles fue en parte deliberadamente agravada por algunas grandes empresas financieras, y en particular por Goldman Sachs, la empresa financiera líder en Wall Street, para obtener ganancias sin precedentes (un incremento anual del 91%, 3.500 millones de dólares de beneficio en el último trimestre) y pagar a sus empleados 16.000 millones en el 2009. En este episodio, cuya resolución puede cambiar la gestión del capitalismo financiero actual, convergen los riesgos de un sistema basado en la creación de valor mediante capital virtual generado en los mercados financieros, la abdicación voluntaria de sus responsabilidades regulatorias por parte de las autoridades competentes y la estafa pura y simple llevada a cabo por Goldman Sachs si los tribunales confirman los términos de la acusación formal por fraude cursada por la Securities Exchange Commission, el regulador financiero de Estados Unidos, en base a indicios documentales.

En el corazón del problema está un crecimiento económico guiado por el principio de la creación de valor en los mercados financieros mediante la titulización de cualquier activo y la creación de productos financieros sintéticos de los cuales los derivados son los más importantes. Son aquellos que resultan de un compuesto de valores de distintos activos financieros y, frecuentemente, de la evolución de sus precios en el mercado y de las opciones que se pueden ejercer sobre su compraventa. El producto financiero así creado no tiene otro valor que el que le va asignando el mercado. En teoría está diseñado para obtener una ganancia proporcional al riesgo según una fórmula matemática. En la práctica, nadie, ni sus propios creadores, conocen exactamente los riesgos a menos que los manipulen intencionalmente. Y este es el quid de la cuestión, más allá de la volatilidad intrínseca de un mercado sin transparencia ni contabilidad posibles.

En la expansión de la última década, tanto en EE. UU. como en España tuvo un papel decisivo el crecimiento del mercado inmobiliario y de la industria de la construcción. Dicha expansión fue inducida por una demanda cebada por hipotecas basura, frecuentemente con conocimiento de las instituciones financieras que las vendieron, como demostró el caso de la quiebra de Washington Mutual en el 2008. Pero la crisis se difundió a toda la economía porque muchas de esas hipotecas se utilizaron como garantías colaterales para otros productos financieros que se colocaron en el mercado. Cuando la burbuja inmobiliaria reventó, se hundió el valor de las hipotecas y arrastró a los derivados y llevó a la insolvencia a muchas entidades financieras que operaban sobre ese valor ficticio. Goldman Sachs fue más lejos, según la SEC: apostó por el hundimiento de los derivados que vendía a sabiendas de que eran basura, a través de inversiones de un fondo desregulado (hedge fund)conectado con Goldman Sachs. Es lo que se llama shorting,o sea apostar contra su propia inversión. Según las acusaciones públicas y privadas que se preparan, algo similar hicieron empresas como UBS, Merrill Lynch, Morgan Stanley o Deutsche Bank aunque, claro, todos lo niegan.

Además, Goldman Sachs no informó a sus clientes de los riesgos en su inversión con el argumento de que los suponía suficientemente enterados. Lo que dice la SEC es que no estaban informados porque quien tenía todos los hilos era Goldman Sachs. De hecho la SEC ha publicado varios correos electrónicos internos de la empresa (y publicará muchos más) donde se aprecia la plena conciencia del fraude. Como botón de muestra, Fabrice Tourre, el vicepresidente de Goldman Sachs encargado de la operación, escribió un correo a sus colaboradores que les traduzco así: "Todo el edificio se va a caer en cualquier momento. El único superviviente potencial será el fabuloso Fabrice [ o sea él mismo] de pie en medio de todas estas complejas, exóticas transacciones que él creó". En Grecia, Goldman Sachs según parece ayudó al Gobierno a maquillar cuentas y vender títulos de alto riesgo. El Reino Unido y Alemania han abierto investigaciones sobre las actividades de la empresa.

Estas prácticas, entre irresponsables y criminales, ni son casuales ni atañen sólo a algunas ovejas negras beneficiándose de la ruina de millones de inversores. Fueron posibles porque se crearon nuevos fondos de inversión, como los hedge funds y nuevos productos financieros, como los CDS y los CDO que, en lugar de servir como seguros contra el riesgo generaron sus propios mercados de riesgo. Y todo fue factible, en Estados Unidos y en casi todo el mundo, por la desregulación que tuvo lugar en los noventa. En particular, por la ley de Modernización de Futuros sobre Bienes de Consumo promulgada por Bill Clinton exonerando los derivados de la regulación. ¿Quién redactó esa ley?

Robert Rubin, secretario del Tesoro de Clinton y anteriormente vicepresidente de Goldman Sachs y que después volvió a Wall Street. Clinton lamenta dicha desregulación y acepta su responsabilidad en haber seguido el consejo de Rubin y Summers. Henry Paulson, el secretario del Tesoro de Bush que presidió sobre la crisis del 2008, era presidente de Goldman Sachs y le permitió transformarse en banco comercial con protección federal. Y no acaba ahí: Mark Patterson, jefe de gabinete de Timothy Geithner, secretario del Tesoro de Obama, había trabajado como lobbista para Goldman Sachs. Desde tiempo inmemorial Goldman Sachs ha nutrido a los gobiernos de sus más destacados tecnócratas financieros.

Y, según The New York Times,unos 1.500 agentes de empresas financieras han trabajado en los organismos ligados a comités de finanzas del Congreso encargados de supervisar las instituciones financieras. Obama ahora parece decidido a poner orden y a llevar a cabo la mayor reforma regulatoria financiera desde los años treinta. Será una batalla épica. Porque no es la crisis genérica del capitalismo, sino de un modelo y de una peculiar ralea de capitalistas.

1-V-10, Manuel Castells, lavanguardia