´La gran manipulación´, Fernando Ónega

Lo peor que nos puede pasar en este trance del país es lo siguiente: que el juego de la oposición impida ver lo positivo y que el juego del poder intente tapar los problemas. Pues bien: eso es lo que está ocurriendo. Y ese es, al margen de las peripecias del Estatut de Catalunya, el amargo sabor que deja la semana política. Lo vemos y oímos a diario en todas las declaraciones. Pero resultó clamoroso en la sesión de control del miércoles en el Congreso. El señor Rajoy presentó los datos más negros de la economía, sin mostrar una sola luz, para llegar a la conclusión de que este Gobierno nos lleva a la catástrofe. El señor Zapatero no encontró un solo indicador negativo y presentó un panorama dulce, casi feliz, de salida de la recesión e inmediata creación de empleo. Uno vive en el infierno, otro está tocando las puertas del paraíso. Los demás, por lo visto, estamos en el purgatorio.

Dicen que es el juego político normal entre gobierno y oposición. Eso dicen. Pues yo me rebelo contra ese juego. No trato de comparar las responsabilidades de cada uno. Si hay alguien que tiene que pagar por el 20% de parados que se ayer se confirmó, por la falta de medidas eficaces, por la pérdida de solvencia del país y por todo lo demás, es el Gobierno. Ya lo está pagando en los sondeos. Y si hay alguien que ha de mostrar dureza, exigencia y toda su capacidad de sacar los colores al gobernante que da esos resultados, es la oposición. Pero, al mismo tiempo, los dos líderes tienen una obligación moral: elaborar sus análisis sobre la realidad global y objetiva, no sobre sus aspectos parciales. Es la única forma de hacer un debate solvente.

Zapatero y Rajoy presentan la realidad que les interesa. No se ponen de acuerdo ni en los datos. Sólo escogen para sus polémicas las cifras que les convienen. Convierten la dialéctica en una cuestión de fe, esperanzadora para socialistas, catastrófica para conservadores. Y eso es vulgar y descarada manipulación, desorienta a la opinión pública, desvirtúa la busca de soluciones, hace imposible un acuerdo y tiene efectos perniciosos en la sociedad. ¿Quién se anima a invertir si el panorama que dibuja Rajoy es de ruina total? ¿Quién puede esperar una rectificación del Gobierno si el presidente está satisfecho de los resultados?

Después llega Standard & Poor´s y pasa lo que pasa: que para unos desautoriza a Zapatero, para otros es la razón otorgada a Rajoy, y la grave cuestión económica queda reducida a la caricatura de un combate entre dos. ¿Cómo no pensar que la rebaja de esa agencia no ha sido así una alegría para la oposición? ¿Cómo no sospechar que el PP celebra unos batacazos que le benefician en su credibilidad? Y, a la inversa, ¿cómo confiar en un Gobierno que sigue instalado cerrilmente en su optimista tranquilidad? Sumo todos los interrogantes de esta crónica, yme salen dos diagnósticos. Primero: ambos dirigentes están rozando los límites de la honestidad en sus mensajes. Y segundo: la manipulación de la realidad es la patología más grave que sufre la política de este país.

1-V-10, Fernando Ónega, lavanguardia