┤Trombones para Marta┤, Kiko Amat

Una protesta no es un concepto absoluto. Dependiendo de donde protestes, será un acto de mayor o menor valor. Aunque uno no puede dejar de simpatizar con los provos holandeses, aquellos gamberretes filo-situs que montaban bicicletas blancas y pintaban chimeneas de igual color, está claro que lo suyo no era máximo riesgo. ¿Cuál era la máxima pena que podía caerle a uno en la Holanda 60´s por montar happenings nudistas? ¿Que te mandaran cara a la blanca pared? ¿Castigado sin mantequilla? Permítanme que congele esas solicitudes de mártir con un sonoro ¡preeeeet! En cambio, ha habido sitios en la historia donde protestar sí salía caro: Uganda 1978; Varsovia 1940; Casas Viejas 1933... Lugares jodidos donde insinuar que aquella hambrienta boca era tuya podía reportarte una violenta despedida de este mundo cruel.

En Praga, 20 de agosto de 1968, cuando aquellos 2.300 flamantes tanques del Pacto de Varsovia entraron por la calle mayor (flanqueados por 200.000 miembros de la más ruda soldadesca sóviet), muchos testículos abandonaron a sus dueños y golpearon el suelo en un sordo y colectivo ¡ponk! Pero no los de Marta Kubišová. Nuestra Marta, que era una de las cantantes más célebres de Checoslovaquia y los tenía bien puestos, se metió en el estudio y grabó Modlitba pro Martu (Una oración para Marta) en defensa del depuesto gobierno Dubcek. La letra fue dictada por teléfono por el compositor Jindcich Brabec, cuyo coche había sido tiroteado en un control militar, y la propia Marta se escabullía del estudio con los masters ocultos en la chaqueta cuando un amigable kalashnikov se hincó en su nuca. Por fortuna, no encontraron nada. En cualquier caso, no es el mismo tipo de protesta que canturrear Give peace a chance desde una suite del Hilton disfrazado de Gandalf el Blanco, ¿Verdad?

Al principio nada hacía pensar que Kubišová fuese a ponerse así, como un basilisco. Era un ídolo de masas, ganadora del Zlatý Slavík (Ruiseñor de Oro) de 1966, 68 y 69, y había actuado en el Midem de Cannes y el Olympia de París (donde, por cierto, conoció a Aretha Franklin). De acuerdo que era hija de la política liberal de Dubcek, pero lo normal hubiese sido que, al ver acercarse los amenazantes carros de combate de la doctrina Brezhnev, se hubiese aplicado con presteza a nadar y guardar la ropa, estilo Massiel; quizás incluso componiendo un agasajatorio Bienvencška tcopje sovieztiká o como rayos se diga (esto del eslovaco es un infierno; con todas esas ^ y acentos raros me siento como Astérix intentando conversar con los vikingos en La gran travesía).

Pero no. Nuestra Marta fue indignándose un poquito más cada día desde aquel 20 de agosto; y cuanto más se cabreaba, mejores eran sus canciones. Si hasta 1968 se había dedicado a una mezcla de baladería pop, soul ligero y beat histérico a lo Petula Clark (maravillosa en Tvcj Krém, Tvcj Nc×, Tvcj Rcenec,o sea, Viniste, viste y conquistaste),los discos postanques son cada vez más ácidos y funkeros. Su grupo Golden Kids, que lideraba junto a los vocalistas Helena Vondrácková y Václav Neckár, es un rebombori triunfal de trompetas Stax, guitarristas fritos al fuzz, ritmos revueltos y títulos chocantes. Les enumero tres si prometen no pitorrearse: Chci Právo Trubky Mít (Reclamo mi derecho a tener trombones), Pojd´te, Pejskové (Venid, perritos) o Tak dej se k nám a pojdem svct (Únete a nosotros y recorreremos el mundo).

Pero el cachondeíto estaba a punto de tocar a su fin. Su primer álbum en solitario, Songy a balady era el que llevaba la protestona Modtlitba pro Martu-,pero en febrero de 1970 se le prohibió oficialmente cantar en público y se canceló su contrato discográfico.

Para entonces, su siguiente single Jakoby Nic / Hare Krisna (Supraphon, 70) ya estaba prensado, así que las autoridades destruyeron todas las copias. O casi todas, como demuestra su inclusión en este maravilloso recopilatorio.

Marta Kubišová pasó los siguientes 20 años ejerciendo de trabajadora y ama de casa, a la vez que pasaba a formar parte del colectivo disidente Charter 77 junto a su amigo y futuro presidente del país, Václav Havel. No sería amnistiada hasta 1989, cuando se restituyó su derecho a tener trombones, o cualquier otro instrumento de viento que se le antojara.

¡Ne! y ¡Olé!

No quiero dejarlos sin lanzar antes un piropo castizo y español. Porque Marta Kubišová, para colmo, no sólo no era un pez abisal, sino que además estaba bastante queso. Observen esas fotos en que parece una mezcla de Shena Mackay, Emma Peel, una modette 80´s y una miembro turgente de la RAF, y luego mujan como toros enamorados de la luna. Señora Kubišová, va por usted: "¡Olé la cantante protesta de caderas firmes y grave barítono, que no sólo no se doblegó ante los tanques rusos, sino que legó al mundo un número alto de canciones de incontestable danzabilidad!".

14-IV-10, Kiko Amat, culturas/lavanguardia