entrevista a Mauricio Pilatowsky, filósofo e historiador del pensamiento judío

Mauricio Pilatowsky, filósofo e historiador del pensamiento judío. Tengo 52 años y estoy a gusto con mis canas. Viví seis años en un kibutz y estudié en la Universidad Hebrea: soy profesor en la UNAM. Hamas aprendió de Israel a mezclar nacionalismo y religión y así fue la guerra santa. Colaboro con la Fundación B. Spinoza y Casa Sefarad.

Israel sufre hoy la misma contradicción que todos los nacionalismos...

 ¿. ..?

La Revolución Francesa y las demás revoluciones que acabaron con el feudalismo proclamaron los Derechos Universales del Hombre...

Pero aún son una utopía universal.

... Porque los administran los estados: no son derechos de la persona, sino del ciudadano. Y cuando un Estado garantiza esos derechos a sus ciudadanos, al mismo tiempo excluye de tenerlos a quienes no lo son.

Si no tienes Estado, no tienes derecho.

 Es lo que les pasó a los judíos en la Europa del XIX cuando surgían los modernos estados nación: eran una minoría sin Estado. Y eso mismo les pasa hoy a 150 millones de inmigrantes ilegales en todo el planeta y también en el propio Israel.

¿El judío no podía hacerse ciudadano?

 Cuando se van creando los modernos estados europeos, se llama a los judíos a que salgan de sus guetos y se integren en ellos.

¿Con condiciones?

Muchas. Se les prohíbe ingresar en la universidad y no se les da ciudadanía plena...

Ciudadanos de segunda.

Es que los proyectos de Estado nación - no lo olvide-se hacen contra las minorías y, por eso, millones de judíos europeos se quedaron entonces sin sus barrios y estructuras tradicionales, pero tampoco fueron admitidos como ciudadanos de pleno derecho.

¿Qué caminos tomaron?

O hacerse cristianos - algo que no había conseguido ni la Inquisición-o hacerse socialistas y refugiarse en una utopía internacionalista, como el propio judío Karl Marx...

... O hacerse sionistas.

También, porque el sionismo nace hermanado con el socialismo. Otro camino para los judíos fue refundar su judaísmo en la ortodoxia: recuerde que los ortodoxos no son, como se cree erróneamente, continuadores tradicionalistas, sino reformados.

¿Qué otros caminos tenían los judíos?

 Queda la minoría de intelectuales sin patria que se refugiaron en la razón y recordaron al mundo que los derechos humanos son universales y que están más allá de tribus, naciones y estados.

Usaban la razón.

Eran el propio Marx o Freud o Kafka, o - más tarde Einstein o Walter Benjamin...-¡Y le daría tantos otros nombres...!

Que refundaron la cultura occidental.

 Desde tierra de nadie, porque ya no pertenecían ni a los guetos de sus antepasados ni se sentían ciudadanos de los nuevos estados de sus contemporáneos, que los rechazaban.

Apátridas en la Europa de las Naciones.

Su patria era el texto. Steiner lo investiga y expone de forma magistral: durante 2.000 años de exilio, los judíos hacen de la lectura y la escritura su identidad, su territorio.

Cuando sólo los poderosos leían.

Los niños judíos aprendían a leer y escribir con soltura, cuando la mayoría de los europeos entonces eran analfabetos.

Por eso dominaron la ciencia.

Con ese dominio de la teoría, se atreven a criticarla y renovarla y refundarla y desafían los límites de la cultura europea: Marx, Freud y Einstein... Le cito tres revoluciones.

Pero ninguno de los tres era creyente.

Los tres coinciden en que ser judío consiste en amar la justicia y la verdad.

Tampoco eran sionistas.

A Einstein le ofrecieron ser presidente de Israel y lo rechazó; Freud no quiso ir a Israel, y Kafka, desde su soledad apátrida, proclama que él era alfa y omega, y no fue a Israel. Los sionistas trabajan, mientras tanto, para crear un hogar para los judíos.

Una esperanza razonable.

Un territorio para que los refugiados judíos puedan vivir en paz. Es un hermoso proyecto, pero en estos últimos años se ha comenzado a cargar de nacionalismo excluyente y de elementos metafísicos y religiosos.

Por ejemplo...

No es lo mismo defender el derecho a la seguridad en paz de un colectivo que proclamar la innegociable eternidad de Jerusalén.

Antes tenían razón; ahora, religión.

Es el problema de Israel hoy. Cada vez que los árabes y judíos racionales quieren edificar una convivencia y un diálogo sobre la razón plasmado en acuerdos razonables, los integristas religiosos de ambos bandos lo convierten en enfrentamiento eterno.

¿Por qué?

Porque la convivencia en un Estado se construye sobre la razón, pero la nación se erige sobre el corazón. Podemos discutir con argumentos cómo construir un Estado, pero no el destino de una nación, porque la nación es un sentimiento; por tanto, indiscutible. Y el nacionalismo, su exaltación.

Por eso es más racional la independencia que el nacionalismo.

Y así hoy en Israel se mezclan nación y religión y el resultado es la guerra santa. Al proyecto original y racional de crear un hogar para que los judíos pudieran vivir en paz se han adherido la religión y el nacionalismo, y los árabes han copiado la fórmula. Hamas es eso: nacionalismo más religión.

¡Qué le vamos a hacer!

Europa no puede desentenderse del conflicto diciendo que viene de dos mil años, porque lo creó ella. Fue Europa quien dejó sin patria a los judíos hasta la shoah y fue el colonialismo europeo el que incorporó al mundo árabe al nacionalismo. Antes de que Europa los enfrentara, judíos y musulmanes convivieron en paz durante siglos.

Hoy Israel se proclama portavoz de todos los judíos de la Tierra - denuncia Pilatowsky-pero no quiere escucharlos. La mayor parte de la diáspora judía, heredera de los genios que refundaron la cultura occidental, apoya el proyecto original de un hogar para que todos los judíos puedan vivir en paz, pero repudia el mandato mesiánico y religioso de supremacía judía que han asumido los últimos gobiernos israelíes. "Cuando mezclas religión y nacionalismo, es la guerra santa". Y Pilatowsky cita entonces la larga nómina de judíos -desde Finkielkraut hasta Chomsky- que piden un Israel que no guerree por religión para la eternidad, sino que pacte empleando la razón para la paz. Y ahora.

5-VI-10, Lluís Amiguet, lavanguardia