“Haga trampas, le irį bien“, Germą Bel

La sentencia sobre el Estatut de  Catalunya ha tenido también su parte económica, aunque esta sea menos aparente que en otros campos. No en balde, las Cortes Generales ya cepillaron oportunamente los asuntos relativos a la financiación autonómica, de forma que quedaba muy poco realmente vinculante. Aun así, subsistió para el referéndum un principio potente para informar los criterios de solidaridad: los recursos para garantizar los servicios de educación, sanidad y otros servicios esenciales del Estado de bienestar serán similares en las diferentes comunidades autónomas siempre y cuando realicen un esfuerzo fiscal similar.

Seamos precisos: esto no quiere decir que las autonomías que ingresan más tienen más servicios y menos las que ingresan menos. Quiere decir que en las autonomías donde hay menos fraude fiscal se tienen más recursos de financiación y en las que hay más fraude fiscal se tienen menos. Esto es lo que no ha gustado al Tribunal Constitucional (TC), que ha dicho: "No importa el fraude fiscal que usted haga. No se preocupe. Tendrá los mismos servicios que el resto". Es decir: ¡haga trampas, que le irá bien! Qué buen remedo de esa España de Rinconete y Cortadillo, del patio de Monipodio, que tan bien retrató Cervantes. ¿Es esta la España del Tribunal Constitucional?...

La cuestión de fondo es la siguiente: a raíz de la guerra de Sucesión, y como consecuencia de los tres decretos de Nueva Planta (1707, 1715 y 1716), la justicia castellana fue impuesta sobre los territorios de la Corona de Aragón, y el castellano, declarado obligatorio para toda la Administración. Además, la Corona asumió control tributario sobre los territorios perdedores. Justicia, lengua y tributos. ¿Cuáles han sido los aspectos nucleares de la sentencia?: la administración de la justicia, la preferencia de la lengua, y aspectos residuales de lo tributario que habían sobrevivido el paso por el Congreso de los Diputados. Definitivamente, la Nueva Planta no se toca; esto es lo que hay. Esta es su España. ¿Probabilidades de cambiarla? Seguiremos.

2-VII-10, Germà Bel, lavanguardia