┤Rasoi e pettini, lancette e forbici┤, Quim Monzˇ

El martes La Vanguardia informaba de que Irán ha ordenado que los hombres se corten el pelo sin contravenir las creencias pilíferas del Profeta. Se trata de librar al país de "los decadentes cortes de pelo occidentales". El catálogo de normas lo presentó el mismísimo ministro de Cultura, en una rueda de prensa. En la foto que ilustraba el breve se le ve frente a un panel con fotos de señores de frente y de perfil, al estilo de esas que hay en algunas peluquerías, que ilustran las posibilidades estilísticas del resident barberyque a veces hacen que, a punto de entrar, des media vuelta.

Las normas. Nada de colas de caballo, como las que muchos futbolistas lucían en este Mundial. Nada de llevar el pelo corto en la parte superior de la cabeza y en los lados y, en cambio, melenita por detrás. Nada de puntas a lo punki. En cambio se permiten la raya al lado y el flequillo. Se acepta la gomina. Es preferible el rasurado total, pero se tolera la perilla. Imagino al conseller de Cultura frente aun cartel semejante, diciéndonos a qué tipos de corte de pelo podemos optar para ser buenos ciudadanos. Imagino también que, en su caso, la calvicie rotunda haría aún más espectacular la foto resultante. Imagino todo eso y medio sonrío, pero en Irán no sonreiría, porque, según leí luego en el Telegraph,el Gobierno ha clausurado ya diversas barberías por cortes de pelo occidentalizantes: "Regularmente, la policía iraní realiza controles de moralidad, y arresta a las mujeres que visten chaquetas cortas y pañuelos frívolos, así como a los hombres que lucen pelos puntiagudos y pantalones vaqueros ceñidos. Las corbatas también son vistas como un símbolo de la decadencia occidental".

La vestimenta y los cortes de pelo preocupan cada vez más al fascio islamista. En Somalia, desde mediados del mes pasado los hombres tienen prohibido afeitarse, por orden de los grupos que controlan el centro y el sur del país, pasando del gobierno oficial, que cada vez pinta menos. Ahí hay que dejarse crecer la barba y afeitarse el bigote: "Quien viole esta norma afrontará las consecuencias que dicta la ley islámica". Los castigos habituales a quien desobedece una orden son latigazos, amputaciones o la ejecución, generalmente en público pero también en privado, como sucedió con dos aficionados al fútbol a los que al inicio de este Mundial pillaron en casa, siguiendo el partido entre Nigeria y Argentina. Los ejecutaron in situ, porque también el fútbol es una muestra de la decadencia occidental.

El día antes de que empezase este campeonato, la FIFA guardó un minuto de silencio por las muertes de Jarque, Nigris, Vitoria, Samaranch y Bobby Robson. En cambio, el domingo no guardará ni un segundo de silencio por estos dos seguidores del Mundial, muertos porque el hecho de que te guste el fútbol entra en contradicción con los designios de Alá.

9-VII-10, Quim Monzó, lavanguardia