´Yo, es que sin mi cafelito no funciono´, Quim Monzó

El martes pasado, cuando aún no había salido el sol,  un ciudadano de Figueres tomó en la estación el tren de las 5.57 con destino a Barcelona. Es un trayecto que hace cada día. Pero, esa mañana, él y el resto de los viajeros escucharon una conversación que podríamos definir como interesante. La detalla el imprescindible Diari de Girona: "Los viajeros oyeron cómo una mujer que acompañaba al interventor o al conductor del tren se lamentaba de no haberse podido tomar un café en la estación de Figueres, porque la cafetería no abre hasta las 6 de la mañana. La conversación acabó con la decisión del interventor, el conductor y el guarda de seguridad de resolver el problema consiguiendo esa bebida en Flaçà".

De forma que, cuando llegaron a Flaçà y el tren se detuvo, los viajeros pudieron observar a través de las ventanas cómo el guarda de seguridad bajaba y empezaba a andar hacia el bar. Explica el Diari... que, "teniendo en cuenta que el ferrocarril circulaba en dirección a Barcelona, se trata de una operación especialmente larga, porque la estación está en el otro andén y, para llegar, hay que bajar las escaleras hasta un paso subterráneo, atravesar el túnel que permite cruzar las vías con seguridad, volver a subir y llegar al edificio de la estación, en el que se encuentra el bar". El caso es que el guarda de seguridad estuvo en el bar un rato y al cabo salió con una bandeja con cafés: para la acompañante del interventor o del conductor -la que no había podido tomárselo en Figueres antes de que saliese el tren- y para ellos también, ya puestos. Los viajeros observaban la escena atónitos.

El tren llegó a Barcelona con retraso. El ciudadano de Figueres ha presentado queja a Renfe: ante el gerente del Sector Noreste y ante el jefe de mercado del ÁreaNorte. Les pide que tomen las medidas lógicas y necesarias y que depuren responsabilidades. Renfe se hace el sueco: arguye que si llegaron a Barcelona con retraso fue por culpa de las obras del tren de alta velocidad, y nodice absolutamente nada sobre el hecho de que, por una cuestión personal, conductor, interventor y guarda de seguridad alargasen el tiempo que el tren se detuvo en la estación, con lo que eso significa de falta de profesionalidad y de desprecio hacia los pasajeros. Recuerdo aquel gran eslogan de Renfe, de hace muchos años, que decía "Cada vez que subes al tren se pone en marcha una historia". Que se prepare el ciudadano de Figueres que cada mañana toma en la estación el tren de las 5.57. Que se prepare para el día que la mujer que acompaña al interventor o al conductor se levante de la cama con ganas de un desayuno de cuchillo y tenedor y se lamente de no haber podido tomar en la estación de Figueres el estofado de ternera con patatas que esa mañana le apetecía.

17-VII-10, Quim Monzó, lavanguardia