´Falta ´finezza´´, Miquel Roca Junyent

Tiene razón la vicepresidenta del Gobierno cuando dice que Kosovo no es Catalunya ni el País Vasco. Tiene razón; se trata de historias distintas y de situaciones diferentes. Pero, así las cosas, ¿por qué España insiste en no reconocer a Kosovo, después de la sentencia del Tribunal Internacional? Si no se teme el valor del precedente, ¿por qué agruparse con la minoría de países que, como Rusia, se oponen a este reconocimiento?. Toda la comunidad internacional con la que queremos compartir una visión del mundo y de los derechos lo ha hecho; pero España, tozuda y recalcitrante, dice que no.

Pero es que lo más curioso es que esta negativa se produce después de una sentencia de un Tribunal Internacional al que las Naciones Unidas atribuyen el derecho y la función de resolver este tipo de problemas. Es decir, España no acata una sentencia que, como miembro de la ONU, debería respetar. Esto ya es más complicado: España, a través de su Gobierno, sólo acata y respeta aquello que le conviene. Esto sí que es un precedente; un valioso, curioso y poco oportuno precedente.

El tribunal ha decidido, en el marco de sus competencias, que la declaración unilateral de independencia por parte de Kosovo no lesionaba las normas internacionales. Pero España, a través de su Gobierno, entiende que sí y, por ello, seguirá sin reconocer a Kosovo. Seremos una excepción; todos los países de nuestro entorno lo habrán hecho, España no. Y Kosovo aprenderá a vivir su independencia al margen de España. No sabrá exactamente por qué, pero tampoco le preocupará demasiado. Los analistas internacionales dirán, seguramente, que la razón de esta decisión española está en su temor de que ello pueda contaminar el desarrollo autonómico español. En España, el Gobierno dirá que no; pero la comunidad internacional sólo entenderá que este temor es el que está en el origen de este excepcional, anómalo y curioso comportamiento.

El Gobierno se equivoca; queriendo evitar no sé qué, lo único que consigue es poner este no sé qué en la mesa de la actualidad. Tan fácil como sería reconocer a Kosovo y felicitarle por su independencia. Sería la manifestación de un talante que le convendría no rechazar. Al hacerlo, estimula lo que pretende evitar.

¡Falta finezza!

27-VII-10, Miquel Roca Junyent, lavanguardia