´Cuando llegue septiembre todo será maravilloso´, Quim Monzó

Siguiendo las instrucciones de mi médico, el lunes 23 de agosto telefoneé a un prestigioso centro de diagnóstico por imagen y pedí hora para un ecocardiograma doppler y una ecografía abdominal. No hubo ningún problema con la ecografía abdominal, pero no sucedió lo mismo con el ecocardiograma. Me dijo la chica que atendía el teléfono:

- Para el ecocardiograma no le voy a poder dar hora.

- ¿Y por qué no?

- Es que no tenemos aún la agenda de septiembre.

¡La "agenda de septiembre"! Observé el calendario de sobremesa. Estábamos a 23 de agosto. Era sorprendente que un 23 de agosto - a sólo nueve días del 1 de septiembre-aún no tuviesen la "agenda de septiembre". ¿A qué esperaban? ¿A que llegase el 1 de septiembre? Pero, precisamente, se supone que esas agendas son para ir anotando, durante las semanas o los meses anteriores al mes en cuestión, las horas de visita de los pacientes, de modo que, pongamos, la agenda de marzo se llena durante febrero e incluso enero, y la de septiembre se va llenando durante agosto y julio.

- Pruebe el viernes, a ver.

Estuve tentado de decirle que, si quería, me acercaba a Abacus, les compraba unas cuantas agendas y se las llevaba; pero callé. Eso sí: como era previsible, el viernes 27 tampoco tenían la "agenda de septiembre". Me dijo que probase el lunes 30. ¡El lunes 30, a treinta y pocas horas de la llegada del 1 de septiembre!

Dice la gente que son cosas del agosto, un mes en el que la formalidad del personal - habitualmente baja-está ya por los suelos. Es con esa misma coartada - que es agosto-con la que ese mes muchas empresas hacen como si se olvidasen de pagar a sus colaboradores. Y, cuando estos se quejan, sonríen y dicen: "Hombre, es que, como es agosto...". Pero cuando yo era joven también existían los agostos. Y precisamente porque existían y porque en agosto muchos trabajadores están de vacaciones, los responsables dejaban preparado todo lo necesario para ese mes. Entre otras cosas, antes de largarse ellos de vacaciones dejaban a punto los pagos de julio y los de agosto, para que nada fallase. Ahora no. Ahora dejan preparados los de julio y adiós muy buenas. En septiembre ya hablaremos. Lo mismo pasaba con las agendas. Las "agendas de septiembre" se dejaban ya abiertas en julio, para ir reservando horas, que para eso se inventaron. La llegada del ordenador fue la gran excusa que permitió a los irresponsables descargar sus incumbencias en un ente superior, imprevisible y caprichoso, llamado Informática (a. k. a. El Sistema No Funciona). Así, ya del todo despreocupados, pueden dar rienda suelta a su desidia, una desidia ilimitada que rebosa del mes de agosto e inunda el año entero.

1-IX-10, Quim Monzó, lavanguardia