´El poder de la silicona´, Quim Monzó

Ayer, a primera hora de la mañana salí a desayunar y vi gran revuelo en la avenida Mistral. Un montón de gente se arremolinaba frente a la sucursal de Correos. "¿Es usted el último?", preguntaba una señora a un señor. Entendí entonces que se trataba de una cola, una cola desordenada, y pensé en lo mal que se hacen las colas en este país. Había también un trabajador de Correos con un carretón a rebosar de cajas de plástico amarillas y grises, con paquetes y cartas. Al acercarme vi frente a la puerta a un hombre en cuclillas, con un bote de 3 en 1 y un objeto punzante en la mano, tratando de quitar la silicona que algún piquete informativo había colocado en la cerradura el día anterior, para que si a alguien se le ocurría ir a trabajar no pudiese hacerlo.

Me gustaría saber hasta qué punto aumenta la compra de silicona los días previos a una huelga. Me gustaría que los diarios y las emisoras de radio y de televisión fuesen a las ferreterías -Cofac, Cifec, Servei Estació, Bauhaus, Aki, Leroy Merlin…- y les preguntasen y luego nos dijesen el tanto por ciento de incremento de ventas que hay esos días. Y también me gustaría saber si la silicona que más se utiliza para sellar cerraduras es la Sellaceys, la Sellaplus, la Collak, la Collak Plus o la Silbat. Visto que en esta huelga general nadie se ha preocupado de darnos esa información, esperaremos a la próxima, porque es innegable que una huelga sin silicona es una huelga desangelada.

Es un almeriense quien lleva hasta las últimas consecuencias esa relación entre silicona y huelga. Ayer, La Gaceta de Almería daba la noticia: "Un cerrajero sella las cerraduras de la calle Murcia de Almería en la noche del 28, aprovechándose de la huelga, y deja la pegatina con sus datos en cada cerradura". Me quito el sombrero. Cabe suponer que el cerrajero estaba a favor de la huelga y que, por eso, para impedir que la gente que no quería hacerla fuese a trabajar, se pasó la noche sellando -solidaria y sosteniblemente- las cerraduras de los comercios almerienses. Pero como, a pesar de estar a favor de la huelga, el tipo en cuestión sabe que hay que comer cada día (y que lo cortés no quita lo valiente), decidió aprovechar para, una vez sellada cada cerradura, dejar al lado la pegatina con sus datos, número de teléfono incluido. Ahí se demuestra su talante virtuoso: los almerienses que, al ir a abrir un comercio, se encontrasen con el problema de no poder hacerlo -porque precisamente él había obturado las cerraduras- podían telefonearle y él, de forma generosa (¿con IVA o sin IVA?), les quitaría la silicona. En El chico,el niño al que se refiere el título de esa película de 1921 se dedica a ir por las calles apedreando cristales de ventanas. Al cabo de poco aparece Charles Chaplin, convertido en vidriero y dispuesto a repararlas. El remake almeriense de anteayer es el mejor que he visto en mi vida.

1-X-10, Quim Monzó, lavanguardia