ŽEn la cara de ZapateroŽ, Pilar Rahola

Alguna vez he escrito que una de las contradicciones de nuestro Estado de derecho radica precisamente en uno de los aspectos que lo garantizan. Véase: el sistema de partidos políticos es uno de los garantes de la democracia, y al mismo tiempo, es el sistema menos democrático de todos los que la preservan. Ergo, sorprendentemente los guardianes de la democracia no son, en su funcionamiento interno, nada demócratas. Algo así como poner a los zorros a cuidar las gallinas, diría la sabiduría popular… Ciertamente, y a diferencia de otros sistemas homólogos, donde los líderes ganan sus credenciales parlamentarias con el propio sudor, aquí las listas cerradas amparan a los pelotas, a los ineptos y a los oportunistas. La carrera política no se basa, pues, en los méritos de todo tipo acumulados, sino en quien maneja mejor el fino arte del comploteo interno. Llega antes quien ha sabido sobar, pastelear, moverse en las tinieblas, cortar cabezas e imponer sus normas, que quien está más preparado académica y profesionalmente. Y así la política española se llena tanto de gente de categoría como de arribistas de tres al cuarto que alcanzan altas cotas políticas, cuando sólo llevarían el café a los miembros de un consejo de administración en la empresa privada. Sin duda, y más allá de otras consideraciones, el sistema cerrado -y cerril- español ampara la más supina de las mediocridades.

5-X-10, Pilar Rahola, lavanguardia