´Realistas contra ´neocons´´, Walter Laqueur

Realistas contra 'neocons'

Adónde vas, EE.UU.? ¿Ha estallado la guerra entre los neoconservadores y los realistas en torno a la política exterior estadounidense? Debates acalorados, polémicas, división de opiniones en la prensa (al interés nacional ha venido a sumarse el interés estadounidense...) y quiebra de viejas amistades. ¿Cuán graves y hondas son las discrepancias? Es más que una tormenta en un vaso de agua, pero menos que una gran fractura ideológica. Quienes razonan que asistimos de hecho a una pelea en el seno de los neocons no van del todo desencaminados salvo que se ha exagerado su influencia en Washington y disienten en parte entre sí desde hace más de un decenio: nunca fueron un bloque monolítico.

A la primera generación de neocons como Irving Kristol, el senador Moynihan y su gurú Leo Strauss no les interesaba demasiado la política exterior. Y la segunda generación juzgaba que debía aprovecharse la situación histórica (EE. UU., única superpotencia) para democratizar Oriente Medio e impulsar la causa de la paz. No era, en principio, mala idea: sólo tenía en contra a los aislacionistas de extrema derecha e izquierda. Tal política, no obstante, se basaba en cimientos un tanto vacilantes, por ejemplo el modo de aplicarla una vez derrotado el enemigo. Como se comprobó, Saddam Hussein no tenía armas de destrucción masiva y Washington, que quería derribarle a bajo costo, no advirtió que su iniciativa provocaría probablemente una guerra civil porque Iraq era un edificio artificial, y el fanatismo iraní - amenaza mucho más temible- se vería reforzado.

Y en este punto entran en acción las críticas de los realistas, seguidores de las enseñanzas del judío alemán refugiado Hans J. Morgenthau, que, como Strauss, enseñó en Chicago y del que brevemente fui colega de mucha menor edad. No eran amigos ni enemigos. Strauss estaba interesado en Platón, Morgenthau en la guerra de Vietnam (contrario a ella). Morgenthau decía que existen en cierta medida leyes objetivas en las relaciones internacionales que se hallan enraizadas en la naturaleza humana, que las grandes potencias deben proceder de modo impasible, que la política exterior debe basarse en el interés nacional (sin prescindir naturalmente de la dimensión moral de la acción política), que no hay que emprender iniciativas de coste excesivo o cuando cuesta la torta un pan. En fin, todo de sentido común pero que Morgenthau articuló sistemática e influyentemente. Todos los secretarios de Estados estadounidenses han sido realistas; la utopía no tiene cabida en los asuntos internacionales.

Morgenthau murió en 1980. Probablemente se habría opuesto a la idea de exportar la democracia a Oriente Medio: algo deseable, pero demasiado difícil y de incierto resultado. Las disensiones entre los neocons afloraron cuando se comprobó que la guerra en Iraq acarrearía involuntarias consecuencias. El principal crítico actual es Francis Fukuyama, influyente politólogo. Su postura presenta esenciales puntos flacos, hecho que quedó patente al preguntársele si EE.UU. debería retirarse de Iraq a relativo corto plazo y abstenerse de intervenir en la cuestión del arma nuclear iraní... Fukuyama razonó que debería existir una más estrecha colaboración con Europa y la ONU, pero a duras penas cabe considerarlo como una opción dado que ninguna de ellas es lo bastante fuerte como para solucionar los problemas de Irán e Iraq. Todo el mundo aboga por la retirada de tropas de Iraq, pero sin detallar el cuándo ni cuántas. Nadie ansía actuar militarmente contra Irán. Desde el punto de vista militar, no resultaría un éxito a menos que se hiciera mediante armas no convencionales: en el mejor de los casos, provocaría una tremenda oleada de protestas en todo el mundo interrumpiendo el suministro de petróleo del golfo Pérsico durante mucho tiempo, propiciando otros desastres imprevisibles.

Pero ¿y si no se hace nada (la política de esperar y ver), confiando en la disuasión mutua que funcionó en la guerra fría pero que podría no funcionar hoy? En tal caso, hay buenas razones para presuponer que Teherán atacará a Israel por delegación, por ejemplo a través de Hezbollah, con las consiguientes represalias israelíes... en cuyo caso se suspendería asimismo el suministro de petróleo del Golfo para no hablar de otros desastres. Significaría, asimismo, que Turquía, Egipto y posiblemente Arabia Saudí fabricarían o comprarían armas nucleares: el fin de la no proliferación.

¿Cuál de los dos riesgos es mayor? Los realistas no sostienen que bajo circunstancia alguna EE.UU. debería abstenerse de emplear la violencia; se limitan a afirmar que tal debería ser efectivamente la última opción si fracasan todos los intentos diplomáticos. Acaso debería brindarse a Israel y a otros países de Oriente Medio amenazados por la bomba iraní un paraguas como es la OTAN, pero ¿lo aceptarían otros miembros europeos de la OTAN? ¿Lo aceptarían Israel y otros países o razonarían que no es posible fiarse de tales garantías en una situación extrema?

¿Qué habría sugerido Morgenthau en esta situación concreta? La teoría política está muy bien, pero carece de respuestas a muchas preguntas.

lavanguardia, 16-IV-06