´Triunfo absoluto del castrismo´, Quim Monzó

Con los himnos es mejor no vacilar, porque los que mandan los consideran suyos y sagrados. En octubre el Congreso filipino aprobó un proyecto de ley que castiga con la cárcel a quienes desafinen al cantar el himno del país, o modifiquen su ritmo, ni que sea ligeramente. El proyecto lo deja claro: "El himno debe ser cantado con el tempo propio de una marcha, del orden de 100 a 120 metrónomos, con compases de cuatro cuartos y dos cuartos". Ayer se supo que también hay problemas con el himno turco. En el día de la Infancia del 2007, un colegio alemán decidió, ya que sus alumnos son turcos, celebrarlo con bailes turcos y haciendo que los niños escuchasen con respeto el himno de Turquía, la Marcha de la Independencia. La agencia Efe da detalles de lo que sucedió después: "La sociedad de derechos de autor de Alemania, GEMA -similar a la SGAE española-, inició una investigación sobre las canciones utilizadas y ahora ha concluido que varias de ellas estaban sujetas a copyright, por lo que la dirección de la institución educativa debía pagar derechos de autor. Entre las melodías listadas se encontraba el himno de Turquía. La Marcha de la Independencia fue escrita por el poeta Mehmet Akif Ersoy en 1921. En 1930, a la letra de Ersoy se le añadió el arreglo musical de Zeki Üngör. En la mayoría de países europeos las leyes de propiedad intelectual establecen que una obra queda libre de derechos setenta años después de la muerte de su autor, lo que implica que la Marcha aún sigue sujeta a copyright, ya que Üngör falleció en 1958". El Gobierno turco se ha tomado muy a pecho eso de tener que pagar derechos de autor a Alemania -¡por su himno!- aunque así lo diga la ley. De forma que, en un plis-plas, ha decidido nacionalizarlo. A ver si la SGAE alemana se atreve ahora a reclamar los derechos a la República Turca en pleno, Gobierno y ejército incluidos (a no ser, claro está, que ese día el ejército esté ocupado escabechinando kurdos).

8-XII-10, Quim Monzó, lavanguardia