´Catálogo de especies políticas´, M. Dolores García

veamos algunas de las especies que crecen, viven y se reproducen en ese hábitat:

- Los cabilderos. Son los más abundantes. Merodean por los núcleos de poder, sean el aparato, un líder o una institución. Son esos correveidiles que van tejiendo una red de pequeños favores y sobreviven a todo tipo de desastres naturales.

- Los chaqueteros. Pese al tópico, son escasos, aunque de pelaje llamativo. Al menos los que desertan de unas filas para pasarse, con armas y bagajes, al enemigo. Los que cambian de chaqueta sin salir del partido, apoyando ahora a un personaje y luego a otro, resultan menos vistosos. No son exclusivos de la política.

- Los conversos. Políticos que defendieron unas ideas y han evolucionado hacia otras. Ya lo dice el refrán: no hay peor fe que la del converso...

- Los arribistas. Muy prolíficos. A Mascarell le han colgado esta definición: un señor que se considera más capacitado para ser alcalde de Barcelona que su colega de partido, pero no le hacen caso. Y el despecho le lleva a brazos del rival, donde es recibido con todo tipo de parabienes. En política, cuesta discernir entre alguien con una ambición legítima y un trepa.

- Los independientes. Muy codiciados por los partidos hasta que son atrapados. Luego se les ningunea concienzudamente. Aportan lustre porque se supone que no les mueve el afán de medrar en un partido. Pero los hay oportunistas, los hay más papistas que el Papa, sin pizca de rebeldía y más dependientes que otra cosa. Está sin resolver si se puede ser independiente tras codecidir con un gobierno de un color político determinado.

- Los profesionales de la política. Denostados. Aunque se confunden dos subespecies: Una, formada por políticos de escasa formación y menor diligencia que logran, gracias al partido, aferrarse un cargo que ni atisbarían por méritos objetivos. La otra dedica la mayor parte de su vida a la política, no ha tenido ocupación privada anterior, pero ello no debiera suponer un demérito, salvo que la especialización lo sea. De la capacidad de propagación del primer subgrupo, que a veces deviene auténtica plaga, proviene la devoción hacia los independientes.

- Los convencidos. Practican la política con respeto. No hace falta que crean en ella, que no es dogma de fe. Son autoexigentes. Haberlos, haylos.

Será precisa una observación minuciosa y prolongada para apreciar cuáles de estas especies figuran... Lo único seguro es que sobrevivirán los más fuertes, no necesariamente los mejores.

4-I-11, M. Dolores García, lavanguardia