´El gran ´rifiuto´´, Luis Racionero

En esta época de trepas desenfrenados, causa estupor la historia de un hombre que pudo ser Dios, o por lo menos Mesías, y renunció a ello voluntariamente teniendo una organización eficiente que le propulsaba y miles de seguidores ya convencidos.

Renunciar a la ambición, a tener poder, a ser un conocido gurú multinacional es un caso psicológico digno de estudio en los tiempos que corren. Su caso sólo evoca un precedente en aquel Celestino V a que Dante coloca en el Infierno porque siendo Papa, renunció a su cargo tras leer Blanquerna de nuestro genial Ramon Llull. Dante le llama "colui ci fecce il gran rifiuto".

El otro rifiuto del que hablo fue en 1929, en el bosque de Ommen en Holanda. Jiddu Krishnamurti, un joven hindú elegido por Annie Bessant y Charles Leadbeater de la Sociedad Teosófica, disolvió la Orden de la Estrella en Oriente y renunció a ser considerado la reencarnación de Buda en forma de Maitreia. Bessant llevaba décadas anunciando la reencarnación de un nuevo Mesías para llevar a la humanidad a una New Age - en la que, por cierto, ahora están algunos, pero sin mesías- y había finalmente optado por Krishnamurti para encarnar - nunca mejor empleada la expresión- ese papel.

Pero el elegido, en un gesto que le honra, renunció al título de avatar de Buda y se declaró un buscador de la verdad. "La verdad es una tierra sin senderos. El hombre no puede llegar a ella por ninguna organización, credo, dogma, sacerdote, ni ritual, ni siquiera por medio del conocimiento filosófico o técnicas psicológicas. Lo tiene que encontrar por medio de la comprensión de los contenidos de su mente: por choiceless awareness (atención sin elección), no por análisis intelectual ni disección introspectiva. La libertad es pura observación sin intención. El pensamiento es tiempo. Nace de la experiencia, del conocimiento, que son inseparables del tiempo. Nuestras acciones se basan en conocimiento y por tanto en el pasado. El pensamiento es siempre viejo".

Es decir, Krishnamurti no es un gurú fácil. Es un lúcido psicólogo de los mecanismos de la mente humana. Su lectura es laboriosa, pero enriquecedora como ninguna otra desde el propio Buda y Lao-tse. Sus libros La primera y última libertad,prologado por Aldous Huxley, de quien fue amigo en Los Ángeles, y Liberarse de lo conocido, son dos piezas clave en la búsqueda interior de cualquier persona crítica, no dispuesta a que le sirvan dogmas ni sermones.

Insistió, hasta su muerte en 1991, en el trabajo personal y solitario: sin gurús, libros ni iglesias. La búsqueda interior individual, pues cada persona halla su libertad propia, única e intransferible, a su manera. Y por eso sólo la puede buscar uno mismo. Claro, los libros, sermones o charlas, como las que él daba, sirven para señalarle el camino. Pero la realización es solitaria, única, en el interior de cada persona. Por eso a los místicos les cuesta explicarse en palabras y utilizan las metáforas poéticas: "Quedé sin saber, sabiendo, toda ciencia trascendiendo", "Amada en el Amado transformada", de santa Teresa y san Juan de la Cruz.

Pero yo no he concebido este ensayo como explicación de las teorías de Krishnamurti, que les recomiendo, sino tomando a este como ejemplo del carácter psicológico tan poco frecuente del que renuncia a triunfar.

En el caso de Krishnamurti se dieron dos causas coadyuvantes a la renuncia: la muerte de su hermano Nitia y las fantasmadas de la Sociedad Teosófica. Cuando se le llevaron de su familia, con once años para convertirle en teósofo y, eventualmente, en Maitreia, el Buda del futuro, le acompañó su hermano menor Nitia. Menor pero más espabilado que él para lo práctico. Su muerte, tras veinte años de inseparable convivencia, le debió hacer perder la fe en los maestros ocultos de la Teosofía. También perdió la fe en los maestros manifiestos, en vista de las peleas de poder y liturgias ridículas como las directrices de George Arundel de que los adeptos debían llevar ropa interior de seda.

Poco después de su renuncia en 1932 en Ojai, junto a Los Ángeles, tuvo una fortísima experiencia psicosomática como las descritas por Gopi Krishna en su libro Kundalini.Pasó dos meses de fiebres, dolores de cuello y de cabeza, postraciones y visiones. Su explicación del proceso parece unión con el Amado, que es todo lo que existe. Desde entonces habló a miles de personas en decenas de países para inducirlos a la búsqueda personal, sin credos ni maestros. Más de uno, yo mismo entre ellos, nos hemos transformado un quiso ser Mesías, pero enseñó a varias generaciones, creo que fue el místico más influyente del siglo XXy, sobre todo, supo decir no al poder.

29-I-11, Luis Racionero, es/lavanguardia