´Merkel aprueba y atornilla´, Enric Juliana

"Considero muy positivo el acuerdo en España entre la industria y los sindicatos". Con este brevísimo fragmento del discurso de Angela Merkel ayer en Madrid se puede descifrar el genoma de la crisis de la política en España. La canciller alemana -traje de chaqueta negro sin pretensiones de alta costura, corte de pelo sencillo, lenguaje claro y sin ningún atisbo de prepotencia, teatralidad cero y residencia oficial en un apartamento de Berlín Este- no habló de los "agentes sociales" ni hizo mención alguna al "acuerdo social y económico para el crecimiento, el empleo y bla, bla, bla". Dijo, simplemente, que celebraba el pacto entre "la industria y los sindicatos". Una dirigente de la vieja escuela le dictó la lección -y el camino que seguir- al campeón ibérico del storytelling, el modernísimo arte de entender la política como una entretenida narración de historias.

A la hora de reclamar deudas, el metal se impone a la fantasía. La ausencia de eufemismos no significa, sin embargo, que el liderazgo político alemán posea una mentalidad simple, puesto que Merkel efectuó ayer en Madrid un movimiento cuántico digno de ser estudiado en el Instituto Max Plank de Munich. La canciller liberó y apretó con un solo gesto. Ventiló y asfixió en una misma frase. Aprobó e impuso nuevos deberes en menos de un minuto. Dio argumentos a Zapatero para intentar evitar la catástrofe en las próximas elecciones locales y regionales y le impuso una disciplina que hará época. Dijo la canciller que "España va por buen camino" y hubo un tenso silencio en la sala de prensa de la Moncloa. Se oyeron respiraciones profundas. El primer ministro Alfredo Pérez Rubalcaba, que estudió Química en la ciudad alemana de Constanza, observaba la escena con gran atención. En el interior de su storytelling, Zapatero sonrió y automáticamente dio por aceptado el Plan B del Directorio Europeo: evitamos a toda costa la intervención de España, ampliamos el fondo europeo de estabilización (de 440.000 a 750.000 millones de euros), disuadimos a los especuladores y refundamos el euro, a cambio de un estricto programa de disciplina salarial y de armonización fiscal. A cambio de una política económica europea unificada en lo esencial, dirigida por el dueto Berlín-París y supervisada por el Banco Central Europeo, cuyo próximo presidente será, con mucha probabilidad, el banquero Axel Weber, halcón de la ortodoxia germánica.

Se llamará Plan de Competitividad, aunque también podría denominarse Maastricht-2 por su carácter refundacional (la canciller Merkel, puntillosa, precisó que no será un nuevo tratado). Y si alguien quiere sembrar cizaña en el solar hispánico siempre podrá hablar de la Loapa europea.Armonización, homogeneización, unificación. Disciplina industrial tedesca para intentar competir con los asiáticos. Reagrupación carolingia mientras estalla el norte de Áfricay casi toda la media luna (que Dios nos coja confesados).

Adiós a los viejos convenios; adiós a lo que queda de la legendaria scala mobile italiana (revisión automática de los salarios en cada subida de precios): los salarios se desvincularán de la inflación en toda la zona euro. Armonización fiscal: unificación de la base imponible del impuesto de sociedades (adiós a las gangas irlandesas, atención País Vasco y Navarra...). Jubilación a los 67 años desde el estuario de Lisboa hasta el río Vístula. Topes de gasto presupuestario en las legislaciones nacionales (marchando el nuevo grito de guerra español: ¡tope para todos!). Y si las cosas se siguen poniendo feas, límites de gasto público inscritos en todas las constituciones. (He ahí una buena excusa para una reforma más amplia de la Constitución española; he ahí, también, un buen argumento, siguiendo el ejemplo de los länder, para empezar a discutir en España sobre los límites federales a la solidaridad interterritorial, al grito de ¡O todos moros, o todos alemanes!) Mandamientos -quizás aprobados en marzo- que se resumen en uno: mayor cesión de soberanía nacional al comando europeo.

Fue una jornada perfectamente sincronizada. Por la mañana se dio a conocer en Madrid una carta del presidente de la República francesa Nicolas Sarkozy felicitando a Rodríguez Zapatero por los deberes hechos e invitándole a perseverar. Merkel y Sarkozy han pactado las líneas maestras del Plan de Competitividad. Berlín-París, al mando, Zapatero, que ayer también recibió el apoyo del banquero Emilio Botín, evitó meterse en el berenjenal de los salarios desvinculados de la inflación. Sonreía, sonreía, sonreía. Y respiraba.

El Partido Popular, que también deberá obedecer, estaba con su storytelling. Un argumentario de Esteban González Pons para intentar quitarle brillo a la nueva Rendición de Breda, obra de Velázquez también conocida como el cuadro de Las lanzas.

4-II-11, Enric Juliana, lavanguardia