´La ´prima lesbiana´´, Xavier Sala i Martín

A estas alturas todos sabemos que los hombres cobran más que las mujeres. En parte, eso se puede deber a discriminación, pero sólo en parte. La mayoría del diferencial viene explicado por el papel que el hombre y la mujer tienen en la familia: ya sea por razones culturales o de herencia genética darwiniana, la verdad es que son muchas las familias que deciden que será la mujer (y no el miembro de la pareja que tiene menos futuro en la empresa, que es lo que tendría sentido económico) la que irá a buscar a los niños al colegio y la que renunciará a empleos que conlleven constantes viajes de negocios, jornadas laborales eternas o semanas de siete días. Sabiéndolo, muchas mujeres dejan de invertir en sus carreras y abandonan la consecución de esos empleos de horario inflexible y dedicación absoluta. Y dado que esos son los empleos mejor remunerados, el salario medio de las mujeres acaba siendo más bajo que el de los hombres. Es lo que los economistas llaman la prima de género.

Hasta aquí todo es muy conocido. Pero, ¿a que ustedes no sabían que las mujeres lesbianas tienden a cobrar más que las heterosexuales? En un interesante estudio, los profesores Daneshvary, Waddoups y Wimmer, de la Universidad de Nevada Las Vegas (UNLV), utilizan los datos del censo de EE. UU. para comparar las retribuciones medias de mujeres hetero y homosexuales. El censo norteamericano es un lugar perfecto para analizar estas cuestiones porque los entrevistadores hacen todo tipo de preguntas, no sólo sobre la situación económica del encuestado, sino también sobre cuestiones personales como la inclinación sexual.

Pues bien, si se utilizan los datos del censo y se comparan los salarios que cobran las ciudadanas que se definen como lesbianas con las que se consideran heterosexuales, se llega a la conclusión de que las lesbianas cobran mucho más. La pregunta es: ¿por qué? Una parte de esta diferencia la explica el hecho de que las mujeres lesbianas tienen más educación universitaria que las heterosexuales (y la gente con educación superior tiende a cobrar más), una mayor proporción de ellas son blancas (y, en Estados Unidos, los blancos cobran más que los negros), tienden a vivir en las ciudades (y los salarios en las ciudades son superiores), tienen menos hijos (y las mujeres con hijos cobran menos) y tienen una propensión superior a tener profesiones liberales (y esas profesiones están mejor remuneradas). Todo esto es importante pero, una vez tenidos en cuenta todos esos factores, el estudio encuentra que las lesbianas todavía cobran un 6% más que las heterosexuales. Esa inexplicada diferencia es conocida en economía como la prima lesbiana (¡ojo!: no confundir la prima lesbiana en el sentido de sobresalario cobrado por las lesbianas con la prima lesbiana en el sentido de la hija homosexual de nuestro tío. Aunque ambos conceptos pueden tener su interés - e incluso se puede dar que la hija homosexual de nuestro tío cobre un sobresalario-en este artículo nos referiremos exclusivamente a la primera acepción).

¿A qué se debe la existencia de esa prima lesbiana?La explicación podría ser la misma que la de la prima de género: dado que muchas lesbianas no tienen a un hombre que se niega a abandonar su carrera profesional para cuidar a la familia, ellas no ven la necesidad de renunciar a la suya. Por lo tanto, su propensión a invertir en su profesión es superior y, en consecuencia, también lo es su salario. Hay una manera sencilla de verificar esta hipótesis que consiste en comparar el salario de las lesbianas que en algún momento estuvieron casadas con hombres con el de las que no. Es decir, si la teoría es que las mujeres casadas (sean o no lesbianas) se ven obligadas a abandonar sus carreras porque los hombres no quieren renunciar a las suyas, entonces las lesbianas que en algún momento han estado casadas deberían tener salarios inferiores a las que siempre tuvieron claro que nunca dependerían de un hombre. El estudio de la UNLV hace esa comparación y encuentra que, si bien es cierto que las lesbianas otrora casadas cobran un poco menos que las otras, todavía queda una diferencia del 5,2% sin explicar.

¿Cuál es, pues, la explicación? Para encontrar la respuesta preguntémonos qué mujeres reconocen ser homosexuales cuando son entrevistadas por un funcionario del censo en un país tan moralmente conservador como Estados Unidos. Respuesta: ¡las que tienen más agallas! Y esa es la clave: las mujeres que declaran ser lesbianas al censo norteamericano son valientes y tienen una enorme autoconfianza… ¡y es eso, y no su orientación sexual, lo que se cotiza en el mercado laboral!

Por ejemplo: es sabido que la mayoría de las mujeres tiene menos ansias de competir y rivalizar que los hombres.

De hecho, a menudo eso las aparta de los puestos más codiciados y mejor remunerados de las empresas y las relega a sectores poco agresivos como las oenegés o las escuelas. Las mujeres que se proclaman lesbianas tienen la valentía y la autoconfianza necesaria para querer competir y rivalizar… y obtener los empleos más deseados.

Tener, pues, el valor de salir del armario y proclamar públicamente su inclinación sexual en un mundo donde esa inclinación todavía está profundamente estigmatizada no sólo da a las mujeres homosexuales la felicidad de ser abiertamente quienes son, sino que les confiere esa seguridad que les permite competir y ganar un salario superior al de las mujeres heterosexuales. Por eso cobran la prima lesbiana.

1-III-11, Xavier Sala i Martín, lavanguardia