´Deseos diminutos para el 2005´, X. Bru de Sala

Deseos diminutos para el 2005

Ahora que los atolondrados Reyes Magos han repartido sus desiguales regalos como si no pasara nada, puede haber llegado el momento de poner por escrito algunos pequeños deseos. ...

Deseo también, y debo añadir que este deseo tiene mucho de boomerang, tomar conciencia de que no hay nada más de izquierdas que la práctica del civismo. Si amo el incremento de las libertades, si temo su disminución, si no me gusta que me arreglen la vida desde las alturas del poder, entonces debo respetar las normas no escritas de convivencia. Si comparamos las ciudades, y los pueblos, a junglas, el único modo de que en ellas no se imponga el rey león consiste en organizar la convivencia de modo que buena parte de sus leyes sean innecesarias. A más civismo, menos autoridad. A más civismo, mayor espacio vital para cada cual. A más civismo, más libertad. ¿Cómo conseguirlo? Con el incremento del civismo personal y la exigencia de ser correspondido. ¡Por el civismo a la anarquía!

Por una vez, y sin que sirva de precedente, dos deseos relacionados con la religión. Todo se casa, dice el dicho, aunque no especifica si quien lo desee puede casarse con su animal de compañía, con derecho a pensión de viudedad y a usufructuar herencias, o hasta con un árbol, o con sus muletas. No es mi caso, pero por desear y cumplir deseos que no quede. El mío en cuanto al matrimonio es que adopte mil formas distintas, sin que nadie pretenda, en nombre de nada, que se prohíba denominar matrimonio a cualquier unión no ritualizada por la Iglesia, bajo el argumento que se trata de un sacramento. Dado que Lutero no reconoció otros sacramentos que el bautismo y la comunión, tampoco, según dicha lógica, podrían declararse unidos en matrimonio los esposos protestantes. Mejor añadir el adjetivo canónico a los matrimonios celebrados por la Iglesia católica, y que la palabra matrimonio, como boda o bautizo, campe por donde a cada cual le parezca, según el sagrado principio de libertad de uso del lenguaje. Mientras sirva para no desentenderse del todo...

Contando con la benevolencia de las autoridades eclesiásticas, que no considerarán sacrílego sino irónico el párrafo anterior, me gustaría visitar la catedral de Girona sin abonar entrada. Ya pagamos impuestos y una parte de ellos es destinada a cubrir necesidades de la Iglesia en cuanto a conservación del patrimonio religioso, que administra y es de todos. Si no alcanzan, que busquen patrocinio privado, que lo hay. Pero desde luego, la consellera de Cultura debería condicionar las subvenciones para la restauración de monumentos de la Iglesia a la gratuidad de la entrada. Si los canónigos quieren cobrar a la puerta, que espabilen sin dinero público. Si se cumpliera este deseo, se daría la paradoja de que un Govern laicista tendría el mérito de mantener abiertas a todos las puertas de los templos que los obispos pretendieran cerrar.

Deseo, en fin y como resumen, que en el 2005 escribamos la menor historia posible, que es el mejor modo, en esta época, de que le dejen a uno en paz. Pocos acontecimientos de historia en mayúsculas, si puede ser ni uno, y la mayor cantidad de microhistoria que seamos capaces de vivir. ...

lavanguardia, 8-I-2005