īCoronar de espinasī, X. Bru de Sala

Coronar de espinas

No participo para nada -ay del que se escandalizare- del farisaísmo colectivo que nos ha invadido durante toda la semana.

Que, en una sociedad laica, los representantes laicos del poder laico usen los símbolos religiosos en sus mensajes políticos debería satisfacer en vez de ofender a los creyentes, y más si son de la religión mayoritaria. De persistir en tan extraña y repito farisaica actitud, acabaremos descartando las expresiones que provienen del Evangelio y forman parte del lenguaje común -crucifícale, es un Judas, sufrir un gólgota, negar tres veces, y una retahíla que llenaría toda la página-, con lo que el lenguaje saldría empobrecido y el cristianismo relegado a las iglesias.

Sorprende que tanto escándalo, concedamos que pseudoescándalo y así lo del farisaísmo queda diluido, no haya dejado espacio para la interpretación del gesto de Maragall y la colaboración satisfecha de Carod-Rovira. Por si algún ofuscado no se había dado cuenta, el president le estaba diciendo al ex conseller en cap "lo injustos que fueron contigo coronándote de espinas, y conmigo al obligarme a sacrificarte, y resulta que hiciste bien en hablar con ETA". Al sostenerla sobre su cabeza, cuidando de no pincharse, eso sí, Carod agradecía este reconocimiento indirecto, con lo que los periodistas tenían material para hablar de plena reconciliación y preparación para un futuro de nuevos pactos políticos. Éste es un mensaje que capta hasta el menos dotado. Los franciscanos venden sin rubor las coronas de espinas como souvenirs, tal vez su bondad innata les impide escandalizarse si los turistas, de toda índole, hacen el gesto natural de acercárselas a la cabeza. Pues entonces imitémoslos, y pidamos a la Conferencia Episcopal un poco más de ternura. Mucho me temo que de haberlo hecho Rajoy coronando a Aznar en los mismos santos lugares, los señores obispos hubieran aprobado sonrientes.

Cambiemos de ángulo, no fos cas que prenguéssim mal al topar con lo inefable. La múltiple y por lo menos desproporcionada reacción sugiere más bien que a Maragall le estaban esperando. Semanas llevaba preparándose entre nuestras elites un ambiente propicio a lo que ha sucedido. Una emboscada urdida desde todos los frentes del descontento hacia su firmeza en defensa de Catalunya, insufrible también para CiU, de la que los medios de comunicación públicos y privados no habían transmitido la menor señal. La nómina de antimaragallianos ha crecido mucho en los últimos tiempos. ¿Por lo del tres por ciento? ¡I ca!
Por la terquedad, un rasgo sobresaliente de su personalidad de sobras conocido. ¿Qué ha cambiado? Cuando la terquedad servía para defender los intereses de Barcelona, en parte contra y a la contra de la Generalitat, sólo recibía aplausos y parabienes. Pero ahora que defiende, no con menor ahínco, los de Catalunya, pues duro con él.A la emboscada se han sumado sin el menor recato los miembros del coro de los convergents boys,más que por parecerles mal porque, dueños hasta ayer, sin sombra de rival, del seny reivindicatiu no toleran sentirse suplantados, y menos con ciertos visos de éxito (incluso si le sale mal, considerando lo bajo que dejó Pujol el listón reivindicativo).

Veámoslo un poco más de cerca. ¿Quiénes están contra Maragall? Sobre los de CiU, no hace falta insistir, pues les viene de lejos y es en buena parte su deber como rivales. ¿Alguien más? El PP y su entorno en bloque, olvidando pasados guiños y complicidades, que tuvo si recuerdan hasta con Vidal-Quadras. La nómina no se acaba aquí, pues el frente socialista contra el único de sus congéneres que ha alcanzado lo inalcanzable, la presidencia de la Generalitat, está cada día más nutrido. Lo encabezan babélicos y criptobabélicos, que tanto confiaban en que su triunfo sería el fin del catalanismo rampante, y a los que ha dejado en la estacada después de haberles jaleado por lo bajín. Es comprensible, porque ahora se encuentran ante la desagradable disyuntiva de quedarse con cara de tonto o acercarse al PP. Siguen los que, desde el PSC, quisieran que se plegara a las exigencias del PSOE. Hasta el mismísimo Montilla, sillón ministerial obliga, ha disparado en público contra el president.

Aun así, el diagnóstico sobre las lesiones sufridas por Maragall es de pronóstico leve. La impaciencia de los emboscados les ha hecho gastar, como a trabucaires de fireta, la pólvora en salvas, no cuando la víctima pasaba por delante sino unas vueltas más abajo del camino -¿Gólgota?-. Los inmediatos ròssecs de conferència, que diría Espriu, con el arzobispo actuaron de bálsamo propicio. Pero el descontento de fondo de las elites persiste y persistirá. No hasta que se apee del burro, porque es de prever que no lo hará (y si lo hace sí que se la pegará), hasta que se den cuenta de que, al martirizarle por su terquedad en defensa de Catalunya, le convertirán en un héroe mítico y pasarán a la historia como auténticos botiflers.

lavanguardia, 28-V-05