´Epístola a los ´entreguistas´´, X. Bru de Sala

Epístola a los 'entreguistas'

Catalunya se encuentra en unas coordenadas cruciales, y puede estar a punto de tomar el camino equivocado. Cuanto antes rectifique, mejor para todos. Si os llamo entreguistas no es con el menor ánimo despectivo, sino para incitaros a retomar la senda del pactismo, que nunca debimos abandonar - ni debemos, por ahora-. Antes de responder que estáis en plena y tensa labor de pacto, antes de tacharme de entrometido con ínfulas que dificulta los pactos, antes de seguir calificando de pacto lo que no es más que una pura, lisa y llana entrega, leed con atención los párrafos siguientes. Si después los echáis a la papelera, no me quejaré por mí, pues eso no tiene la menor importancia, ni andaré la media vida que me queda afeándoos vuestra actitud presente, sino que pondré mi minúsculo empeño en atenuar las consecuencias negativas del error colectivo. De todos modos, espero que llegue a consumarse.

Lo que está en juego ahora no es el catalanismo o el nacionalismo, que persistirán en cualquier circunstancia mientras no cumplan su programa (autogobierno consistente para Catalunya, España reticular superpuesta a la radial), pues va para largo. No estamos ante la jugada culminante de esa larga partida histórica, pero sí en una de las más decisivas, de las que cambian el color y el lugar de las fichas, y hasta el semblante de los jugadores. Está en juego la posibilidad de recuperar los notables atrasos acumulados, singularmente en dos materias esenciales, educación e infraestructuras, y la capacidad para encauzar esfuerzos colectivos en aquellos aspectos clave de la competencia, en los que se decide si un país es de punta o romo y gregario. Si ahora no abandonáis el entreguismo para volver al pactismo, seguiremos perdiendo terreno durante todo el presente decenio y tal vez parte del siguiente. No sólo porque los instrumentos serán casi tan insuficientes como los actuales, sino porque la división y el recalentamiento político se habrán instalado de modo permanente entre nosotros.

Aún estamos a tiempo, y lo habrá mientras, en el Congreso de los Diputados, no se agoten los plazos y las prórrogas. Para negociar otra cosa que no sea una rendición es preciso que los de un lado, los catalanes, tengan por lo menos claros los límites, las líneas por debajo de las cuales no hay acuerdo. De eso se estuvo hablando en el pasado otoño, pero no llegamos ni los políticos a establecer un marco ni los periodistas a ninguna conclusión útil. El resultado ha sido el anuncio de un acuerdo a la baja en exceso y sin la mínima claridad en sus líneas maestras. Esa falta de claridad, junto a las ventajas que la otra parte ha ido y seguirá tomando al observar lo fácil que ha resultado minimizar las demandas del proyecto de Estatut, facilita que por lo menos CiU se replantee el acuerdo Mas-Zapatero, ya que es el PSOE el que lo está incumpliendo, y más que se dispone a incumplirlo. Eso, en cuanto a los dirigentes políticos, que no deberían volver a perder de vista como ya han hecho el abecé universal de cualquier negociación.

Por lo que respeta a la sociedad catalana y a la mayoría de sus miembros destacados, es un error del mismo calibre pretender que, una vez desarbolado el PSC, metido CiU en el saco, desactivado el Estatut de septiembre, procede apretar las tuercas a ERC hasta que ceda o le estalle la cabeza. Al contrario, las circunstancias y los intereses, tanto los colectivos como los particulares de los dirigentes de empresas o instituciones, deberían comprender y calibrar los peligros - el desgavell-de dejar a Esquerra sola con la razón, el pactismo y la verdad que casi no alcanza a defender. Pretender que la verdad del contenido actual del Estatut no sale a la luz, que lo mejor es dar carpetazo como sea, más a la baja aún, y que así pasaremos página y estaremos todos tranquilos, equivale a desconocer de qué material humano están hechos Catalunya y su columna vertebral, el catalanismo.

No se le escapa a nadie que Madrid está que arde, pero la mayor parte de sus fuegos son fatuos o de artificio. El único argumento de gran calibre que le queda al Madrid dominante, que no es todo, para poner a millones de españoles contra Catalunya, es la especie de que se erige en garantía de la solidaridad, en el único factor que puede obligar a los catalanes a repartir su dinero en vez de quedárselo. Esa falacia hay que cortarla de raíz, so pena de convertir a Catalunya en provincia o en auténtico quebradero de cabeza. Es casi suicida conformarse con en el gradualismo en cuanto a la financiación, en vez de insistir en un pacto que permita desactivar esa espoleta y no volver a hablar del asunto en diez años.

Si el Estatut no sale medio bien, si hay entrega en vez de pacto, el catalanismo no tendrá fuerza, coraje ni utillaje argumental para emprender el paso siguiente, avanzar en la España en red, favorecer un sistema equilibrado de ciudades intercomunicadas como alternativa a la megápolis y el gigantismo de Madrid.

lavanguardia, 11-II-06