´Es lo que hay´, X. Bru de Sala

Es lo que hay

...Podemos ya dar por acabada la partida del Estatut, por lo menos en cuanto a su balance final: el catalanismo se ha puesto el listón muy alto y lo ha pasado por debajo. Podía haberlo hecho mejor, o todavía peor, si bien no se me antoja cómo. Pero eso es lo ocurrido. En otras palabras, el catalanismo ha lanzado un tremendo desafío, y se ha estrellado ante el poder y la maniobrabilidad de Madrid. Inútil darle más vueltas. Aun así, el catalanismo no sólo ha hecho el ridículo, sino que, al ponerse a prueba, ha aprendido bastante de sí mismo que no sabía, se ha tomado las medidas, ha verificado que es uno de los dos únicos vectores en juego. A fin de profundizar en el autoconocimiento que el fracaso propicia, falta por esclarecer en qué medida es incapacidad y en qué medida se debe a que se ha mandado a un adelantado que, por error o impericia, saltó con el pie cambiado. En consecuencia y sea como sea el futuro, la confianza en el concepto de hombre providencial ha quedado felizmente desterrada. Incluso está tocada, y es muy bueno que así sea, la idea de que nuestros políticos son los encargados de arreglar las cosas, de sacar el país adelante. En contrapartida, se ha afianzado el convencimiento de que los catalanes contamos, antes que nada y a fin de cuentas, con nuestras propias energías y capacidades. Si alguien cree que Catalunya, no lo único importante pero ya para todos lo primero, habrá salido perdiendo, no sólo es un derrotista poco deseable, sino que anda equivocado de medio a medio, como pronto se verá.

Con la transición, los líderes políticos catalanes conminaron a los demás a apartarse y a fiarlo todo en ellos. Ahora, gracias al fiasco de sus sucesores en tanto que promotores de una nueva transición, la sociedad, sus diferentes estamentos, la cultura - también la cultura- tienen la oportunidad, y la inminente necesidad, de no someterse por más tiempo, cuando de orientar el rumbo del país se trata, al abuso de primacía de la política y los partidos. En la secuencia que va del Carmel a la entrega (que no pacto) de la Moncloa, los líderes políticos, que han marcado el paso, bailan claqué. Y no precisamente con maestría. En vez de fascinarnos con el espectáculo, es momento de promover y consensuar rumbos y metas desde la propia sociedad. Y entonces juzgar a nuestros políticos en la medida en la que vayan por donde se les marca. O eso, o dejar de ser nación.

lavanguardia, 18-II-06