´Irán no nuclear´, X. Bru de Sala

Irán no nuclear

Máximo Cajal, diplomático de larga experiencia y representante personal de Zapatero para el bienintencionado invento de la alianza de civilizaciones, se declaró favorable, en el plano de los derechos, a dejar que Irán siga adelante con su carrera nuclear. Desde este punto de vista moral, para quienes estén en contra del doble o triple rasero, todo el mundo dispone de los más amplios derechos para llevar a cabo sus deseos. Sin embargo, no hace falta ser diplomático ni representante de nadie para distinguir entre un supuesto llamémosle derecho universal de los países a dotarse del armamento que crean conveniente, y lo que en la práctica conllevaría la permisividad internacional, el mensaje del ármese quien pueda.Pero antes de entrar en las consecuencias que tendría dicho supuesto, antes de calibrar las posibilidades de que Occidente, empezando por Estados Unidos e Israel, permita armarse así a Irán, deberíamos aportar una consideración sobre los límites de dicho derecho.

En primer lugar, están los hechos consumados. El haber hecho la vista gorda ante las cabezas nucleares de Israel, India o Pakistán no implica que deba hacerse lo mismo en el caso de Irán. En buena parte debido al desastroso resultado de la invasión de Iraq, Irán es hoy una fuerza emergente en la zona más caliente del planeta. Por si fuera poco, su actitud amenazadora y desafiante no presagia nada bueno en cuanto al uso, llegado el caso, de su potencial nuclear. Si no directo, sí como seguro de pervivencia en su país y de actuación exterior agresiva, del régimen de los ayatolás. En las relaciones internacionales existe un rasero para cada situación, de modo que nunca encontraremos dos raseros idénticos, y pocos que se parezcan. De otro modo, estaríamos suponiendo o deseando que la política exterior se realizara por ordenador. Bien al contrario, y en consecuencia con las variables, a cada caso y momento le corresponde una gama distinta de posibles respuestas. En cualquier caso, la escogida debe responder a esas variables. El límite al derecho a hacer lo que a uno le dé la gana es la seguridad de los demás. Eso hay que mirarlo de un modo realista, en vez de acudir a una entelequia, la del mismo rasero para distintos retos, que nunca se ha puesto en práctica desde que el mundo es mundo. Irán es más peligroso para Occidente si dispone de la bomba que en caso contrario.

Ahí está el quid de la cuestión. Irán ha ido adquiriendo un poder que usa a la descarada, despiadadamente, a la contra de lo que conviene a la propia región - un cierto equilibro, ya que la estabilidad es hoy por hoy imposible- acudiendo al chantaje, absteniéndose de concesiones ni que sean forzosas, y encima sintiéndose impune. La paradoja es que el régimen anterior de Iraq no era peligroso más que para sus ciudadanos, pero aun así resultó invadido, mientras que Irán sí es peligroso, cuenta con aliados o protectores tan influyentes como China o Rusia, si bien hasta el momento no ha habido otro remedio que oponer palabras y paños calientes a su creciente desafío.

Al parecer, lo más sensato es dar por inútil la vía diplomática. No por acabada, pues mientras no maduren las decisiones de intervenir o no esté claro el mejor modo de hacerlo, siempre vale más mantener las conversaciones que interrumpirlas sin iniciar acciones de castigo. ¿Cuáles serían, llegado el caso, que se acerca a todas luces? Desde luego, no las sanciones, pues se revelan poco menos que inútiles, y más cuando Irán está en condiciones de contraatacar cumpliendo su amenaza de subir el precio de su petróleo, del cual el resto del mundo no puede prescindir sin un sacrificio importante de no pocas economías. En el otro extremo, habría que descartar la invasión del país, sobre todo a la vista del resultado obtenido en Iraq. No quedarían, entonces, muchas más opciones que una operación preventiva, cuyo objetivo mínimo sería la destrucción de instalaciones imprescindibles para el enriquecimiento de uranio. No digo que tal eventualidad sea ya irreversible, pero va cobrando progresivos visos de tener lugar. A saber si a cargo de Israel, de Estados Unidos o de ambos. En cualquier caso, las posibilidades de que la comunidad internacional y los actores principales en la zona permitan a Irán seguir con su proyecto son muy, pero que muy escasas. Y si no se llega a hacer nada, será por impotencia, no por falta de voluntad.

Cualquier escenario que conlleve la nuclearización de Irán sería peor que el actual. También para el propio Irán. Pues durante años su potencial de ataque sería comparable a un pararrayos de relativa poca monta que atraería un rayo capaz de fulminarlo y dejar maltrecha la casa entera. Los ayatolás podrían infligir mucho daño, pero a buen seguro, y a la vista de cómo las gastan en Oriente Medio, el país sufriría mucho más de lo que pudiera hacer sufrir. También eso hay que evitarlo, cuanto antes mejor, y siempre huyendo de una respuesta desproporcionada.

lavanguardia, 9-XI-06