´En el escaparate´, Cristina Sánchez Miret

Hace unos días en un zoo inglés, en Chessington, los leones mostraron a los visitantes lo que eran de verdad y el choque para los padres e hijos que paseaban por las instalaciones fue grande, tan acostumbrados a tantos reyes leones, visitas insustanciales a estos y a otros recintos y a la convivencia con animales de peluche que, si no humanizan, como mínimo domestican y en cierta manera dulcifican, la imagen de los animales salvajes.

Un cachorrito de otra especie trepó por la valla y saltó al recinto de los leones, a estos les faltó tiempo para atraparlo con los dientes y matarlo delante de los visitantes. Literalmente fue así, porque hicieron todo el proceso de destripamiento del cachorro pegados al vidrio, de manera tal que los espectadores, estremecidos, no se pudieron perder ni un detalle. No tuvieron tiempo ni de reaccionar cuando ya lo habían visto todo.

Si realmente la escena fue tal como la cuentan los testigos, parece que los animales hayan sido plenamente conscientes de que están expuestos en un escaparate y que hayan querido mostrar, en el preciso momento en que han tenido una oportunidad, que están hartos de ser aquello que no son y tener una vida sin ningún otro sentido que el divertimento de los otros. Es decir, de los humanos.

Ahora tienen que revisarse los diferentes zoos que hay en Catalunya porque se han encontrado muchas deficiencias en las instalaciones; pero quizás lo que haría falta, en lugar de apañarlos o mejorarlos - signifique eso lo que signifique-sería replantearnos su función y, si hace falta, su existencia. Ya lo sé, que todos hemos pasado muy buenas horas en el zoo. Yo recuerdo muchas tanto de mi propia infancia como de mi otra infancia como madre; pero también tenemos que pensar en los animales y en la vida que tienen cuando su único horizonte es dar vueltas sin descanso en un recinto cerrado mientras son observados continuamente - bien, según marca el horario-por un montón de rostros ruidosos.

También sé que no es lo mismo ver un animal en vivo y en directo que hacerlo en imágenes, por bueno que sea el documental; sin embargo, al mismo tiempo, cuando los vemos en el zoo no los podemos contemplar en toda su esencia y, por tanto, aunque respiran, vivos lo están poco.

6-VI-11, Cristina Sánchez Miret, socióloga, lavanguardia