´Indignados en el ágora´, Luis Racionero

Si los habitantes de Los Ángeles quisieran protestar : ¿dónde se reunirían? Allí no hay Trafalgar Square ni plaza Catalunya, la plaza pública o ágora es una creación de la polis mediterránea. Fue en el ágora de Atenas donde nació la democracia y es en el ágora más simbólica disponible donde ahora se reúnen los que quieren que la democracia recobre sus orígenes. Los indignados piden más democracia y la piden desde el ágora.

La incipiente democracia española está realizando su segundo intento - el primero casi no cuenta-a base de un sistema bipartidista decimonónico con dos grandes grupos parlamentarios que se turnan y leyes electorales muy cerradas para fomentar ese bipartidismo. Los indignados creen que nuestra democracia ya está lo bastante consolidada como para permitir grados de libertad superiores. Sobran las listas cerradas, la dictadura del partido, la ley d´Hont y demás corsés diseñados para que la España invertebrada no volviera a torcer el espinazo.

Los jóvenes nacidos después de Franco no comparten el miedo golpista por la derecha ni las memorias revanchistas por la izquierda. Quieren una verdadera democracia. El problema comenzó cuando un político - podría ser Fraga, pero también Rubalcaba-dijo que él era político porque no podía ser otra cosa. Pero eso es no haber entendido nada de lo que es la democracia. En este sistema, algunos ciudadanos electos por los demás, ocupan cargos políticos durante cuatro años y luego se vuelven a casa y siguen con el trabajo que ejercitaban antes de ser elegidos. Ser diputado y ministro es una obligación temporal que se exige al ciudadano y que éste, tras desempeñarlo, cede a otros ciudadanos.

El monopolio de la tarea política por unos profesionales del escaño es una violación de la democracia, un mandarinato de aprovechados que se sientan en el Congreso al acabar la carrera - si la hubiere-para cobrar un espléndido sueldo por levantar la mano y votar las órdenes del jefe del partido. Nada de criterio propio, opiniones innovadoras ni representar a sus electores: obedecer al partido y cobrar.

¿Alguien puede extrañarse de que la confianza en los políticos españoles haya caído notoriamente? Uno de cada cinco encuestados cree que son un desastre, cosa que comparto. Los indignados o Democracia Real Ya quieren listas abiertas para elegir personas y no partidos, quieren ser consultados más a menudo y sobre más temas que la elección partidista de cada cuatro años. Aristóteles decía que el tamaño óptimo de la ciudad era el que permitiera reunir a todos los ciudadanos en el ágora y que estos alcanzaran a oír la voz del orador. Platón, que el territorio de la polis pudiera verse entero desde lo alto de una cima. La escala humana debía medir la polis en la época de la voz y la oratoria, el hombre como medida de todas las cosas. Pero estamos en la era informática en que el ordenador personal es la medida de todas las cosas. Nada impide abrir las votaciones del Congreso a todos los ciudadanos con los ordenadores.

No hay propuesta que más irrite a los políticos profesionales que esta que acabo de escribir. Reaccionan como la Iglesia contra los místicos: procuran ignorar o eliminar a quienes los quieren suprimir o minimizar como intermediarios. Pero es el camino del futuro: para que haya democracia los ciudadanos deben representase a sí mismos en todo lo posible. En resumen consultas mensuales - o semanales-por ordenador a todos los ciudadanos con derecho a voto no sobre quién nos ha de mandar o representar, sino sobre todos y cada uno de los temas importantes que nos atañen en la vida diaria. Negar esta posibilidad recuerda aquello de D´Ors sobre que no podría valer lo mismo su voto que el de su portera.

Los hechos del 15-M son una combinación de Gandhi con la cibernética. Se convoca a la gente por la red y se manifiestan por los métodos gandinianos: pacifismo, resistencia pasiva, sentadas, ocupación de espacio público simbólico. Que a Gandhi le apalearon más de una vez lo están comprobando los indignados de Barcelona o Valencia, y cabe decir en su honor que ellos han persistido en su ética no-violenta, aunque algún grupo aprovecha para llevar las cosas de modo más politizado.

Viví algo similar en Berkeley en 1969 cuando ocupamos Perple´s Park y fuimos desalojados a palos y bombas lacrimógenas por los Blue Meanies,como se conocía en el argot beatleniano a los policías de Oackland. Fue una actitud testimonial, un aviso, una demanda en el sentido del quest por el grial de la democracia participativa, algo que está inexorablemente en el futuro pero que no gusta y será retrasado por los políticos que lo son "porque no saben hacer otra cosa". ¿Y si aprendieran a ganarse la vida en otros menesteres?

20-VI-11, Luis Racionero, lavanguardia