´De´couch potatoes´a indignados´, M. Dolores García

La deriva sin rumbo de los llamados indignados ha dado pie estos días a apreciaciones algo catastrofistas, que atribuyen a este movimiento poco menos que capacidad para imponer una alteración real del funcionamiento democrático. Si algo ha amenazado a la democracia en los últimos tiempos ha sido el desistimiento, la dejación que los ciudadanos han hecho de su participación en el sistema. Concluía Dahrendorf en En busca de un nuevo orden,que "la otra cara del nuevo autoritarismo es la sociedad de los couch potatoes,esto es, de los televidentes que pasan sus días sentados en el sofá comiendo patatas fritas, viendo pasar por la pantalla un mundo en el que ya no participan y en el que pronto ya no podrán participar". Pues bien, los indignados serán lo que sean, pero no couch potatoes...

Y, sin embargo, el propio Dahrendorf, si pudiera ver lo que está ocurriendo, defendería que el perfeccionamiento de la democracia no pasa por las acampadas en las plazas. Por muy frustrante que parezca, no hemos hallado ningún mecanismo más efectivo que las instituciones para encauzar nuestras necesidades. En el fondo, lo que los indignados reclaman es más política. Políticos con capacidad para regular mejor el sistema financiero. Políticos con más autoridad en virtud de una representatividad más genuina.

Por eso, tras la lamentable y triste actitud de quienes pretendieron impedir el acceso de los diputados al Parlament, los representantes políticos no deben quedarse en ese episodio, sino afrontar el reto de mejorar la calidad de nuestra democracia, aún a sabiendas de que la tarea no será aplaudida ni lograrán con ella lucimiento alguno. Parece que en Catalunya han decidido volver a ponerse manos a la obra con la ley electoral. La tentación de avanzar solo a medias para hacer ver que se han hecho los deberes es mucha. Una ley electoral que acerque a los políticos catalanes a quienes les votan no es mucho, es sólo un primer paso. Veremos hasta dónde se atreven a llegar.

21-VI-11, M. Dolores García, lavanguardia