´La manta al cuello y el capacito´, Quim Monzó

Los manteros son pacíficos pero a veces -como en este caso- no es así, sobre todo desde que han visto que esto parece la casa de tócame Roque y, si no huyen rápido, tampoco pasa nada. Muchos dicen: "Pobrecitos... Claro que es venta ilegal, pero no obligan a nadie a comprar...". Por la misma regla de tres no deberíamos perseguir a los estafadores porque no obligan a nadie a caer en la trampa. Esa blandenguería de cierta "buena gente" olvida que tras cada mantero hay una red mafiosa que no sólo distribuye productos falsificados o pirateados, sino que trafica con seres humanos. Importan inmigrantes como quien importa corderos, no pagan impuestos, no cotizan en la Seguridad Social, todo es dinero negro y, con esa competencia desleal, contribuyen a que se hundan las tiendas que sí cumplen la ley. Pero no le digas eso a las señoras que están encantadas de haberle comprado a un mantero un falso cinturón Louis Vuitton por 50 euros (que le hubiese costado 300 de ser auténtico). ¿Es verdad que hay una normativa que multa a quien compra a un mantero? ¿Alguien ha visto nunca que se aplique? También es "buena gente" una mujer que conozco, propietaria de un bar, que se pasa el día despotricando del Gobierno, de los políticos, de los inmigrantes, de los no inmigrantes y del mundo entero, y diciendo que hay mucho dinero negro y que lo que tendría que haber es mano dura. Pues en cuanto en el bar -su bar- entra un chino con pelis pirateadas, se acerca, selecciona las que le interesan, las paga y se las queda. A menudo, por cierto, algunos guardias urbanos toman sus cortados dos mesas más allá, como si tal cosa.

24-VI-11, Quim Monzó, lavanguardia