´La fábula del AVE Fénix´, Màrius Carol

El ave Fénix era un pájaro mitológico que se consumía en el fuego cada 500 años para resurgir de sus cenizas. El AVE Fénix de Toledo-Albacete es un tren legendario que se ha consumido a los cien días de echarse a volar, sin que nadie espere que un día resurja de ningún rescoldo. Este país de nuevo ricos que hemos construido, donde España ha presumido de ser campeona mundial de la alta velocidad en un ejercicio de papanatismo, pero sobre todo de despilfarro, ve cómo se anula una de las iniciativas que ha permitido sacar pecho al ex presidente José María Barreda en la reciente campaña, cuando presumía que Castilla-La Mancha era la única comunidad donde el AVE llegaba a todas las capitales de provincia. Finalmente, Renfe ha decidido suspender la línea Toledo-Cuenca-Albacete que contaba con 9 viajeros al día de los 2.190 potenciales. Esta cifra es casi la del total de viajeros de los seis meses que lleva funcionando el AVE. La línea tenía unas pérdidas de 18.000 euros diarios.

En este país a nadie se le cae la cara de vergüenza por hacer infraestructuras multimillonarias que no sirven absolutamente para nada. Se acabaron los días en que llegaban los miembros de la Administración Obama y el Gobierno les contaba que España era el Estado con más kilómetros de AVE en Europa. Y el segundo del mundo después de China. Estos mismos altos funcionarios de visita no entendían que estas líneas recorrieran territorios con escasa población y en cambio no conectaran el país con Europa. Germà Bel, ha escrito en España, capital París (Destino) que la lógica política de la alta velocidad es la de usar la ley y los subsidios del presupuesto para hacer realidad aquello que la dinámica económica no sustentaría en modo alguno: la radialización de las redes de comunicaciones en España. Como dijo en su día el ex presidente Aznar, se trataba de hacer una red ferroviaria de alta velocidad que, en diez años, situara a todas la capitales de provincia a menos de cuatro horas del centro de la península. Sería divertido poder leer un día el informe de los estadounidenses que estudiaron el AVE en España, aunque entonces ya comentaron con ironía que era impresionante el desarrollo de esta tecnología en el territorio, pero que su país no se lo podía permitir.

Aquí todo el mundo ha querido un AVE que llevarse a las urnas. Este AVE fantasma, de trenes vacíos, con más empleados que pasajeros, es una fábula de un país que se fue a dormir rico y se despertó pobre; y que después, cuando había despuntado el día, seguía soñando. Cuando ayer Merkel se desayunó con esta noticia debió de maldecir tanto dinero de las arcas alemanas para una obra ridícula. Seguramente debió pensar que habría salido más barato regalar un Mercedes a cada uno de los nueve pasajeros diarios que hacer este descosido multimillonario en las tierras del Quijote.

29-VI-11, Màrius Carol, lavanguardia