´Parece que regalen los Porsche Cayenne´, Ramon Solsona

Si la liga española dependiera de la agencia Moody´s o de cualquier otro asustaniños financiero, estaría al nivel de los bonos basura. Las deudas de los clubs se miden con cifras más propias de la astronomía que de la aritmética comercial. No creo que el cuento de la lechera sea el modelo de gestión auspiciado por Esade ni por ninguna facultad de Empresariales, pero ese parece ser la norma de nuestro fútbol profesional. La cifra canta, en el sentido de oler mal. Tan mal que la LFP promueve un Reglamento de Control Económico que también podría llamarse de ley de Perogrullo, pues pretende impedir que los clubs gasten más de lo que ingresan.

Alargar más el brazo que la manga es un deporte nacional. Está bien visto entramparse hasta las cejas, como si gastar el dinero a espuertas fuera sinónimo de progreso. España tiene la red de trenes de alta velocidad más extensa de Europa, muy por encima de Alemania y Francia. La más extensa y la más absurda, pero eso es un detalle sin importancia. Mientras el pasillo mediterráneo y el eje del Ebro siguen en el limbo, el AVE que unía Toledo, Madrid y La Mancha ha tenido que cerrar porque no lo usaba nadie. Por el mismo motivo se ha quedado sin vuelos el flamante aeropuerto de Ciudad Real. Y el de Castellón, todavía envuelto en celofán, no se sabe cuándo abrirá. Probablemente tampoco se sabe para qué sirve.

Uno ha visto con estos ojos que se ha de tragar la tierra la plaza de toros de Xàtiva. Hacerla prácticamente nueva y cubrirla con un enorme platillo volante ha costado doce milloncejos de nada. Regresamos al deporte para recordar que el Valencia tiene a medio construir un estadio de no sé cuántas estrellas que va a deslumbrar al mundo, pero las obras están paradas. Se deshinchó la burbuja inmobiliaria y de repente Mestalla valió menos de lo que imaginaba la delirante epidemia de la especulación.

En los días dorados del dinero rápido el Porsche Cayenne se convirtió en un signo de estatus. Se veían tantos que parecía que los regalaran. El modelo básico cuesta hoy, sin extras, 66.000 euros, un precio que invita a pensárselo dos veces. Que actualmente haya tantos Porsche Cayenne en el mercado de segunda mano es coherente con las vacas flacas. Pero uno se pregunta si la crisis, los recortes de los presupuestos públicos y la ley del embudo del mercado laboral son un freno al despilfarro. En el mundo del deporte no lo parece. El nuevo Reglamento de Control Económico de la LFP quiere atajar la hemorragia de los números rojos del fútbol, pero Barça y Madrid siguen comprando a precio de oro y brillantes. Dicen que el Barça se ha vuelto serio y se planta, pero desembolsar 40 millones por quien sea sigue siendo una barbaridad.

Un club privado puede gastarse los cuartos como le apetezca, pero no el erario. Por eso asombra que Valencia eche la casa por la ventana para asegurarse la Fórmula 1. Cuando Montmeló se queja de las condiciones draconianas que impone Formula One Group, ahí está la rumbosa administración valenciana dispuesta a montar y desmontar tantas veces como haga falta un circuito urbano para dar dentera ¡durante diez años! Cueste lo que cueste. Se diría que en Valencia hasta las criadas van en Porsche Cayenne.

Hace unos días se oyó decir a la presidenta de Madrid: "No tenemos un puto duro". Lo cual no obsta para que el alcalde de la ciudad más endeudada de España se saque de la manga una estupenda candidatura para los Juegos Olímpicos. Los tiempos no están para echar cohetes, pero en Madrid estas cosas están muy claras. El AVE radial y la faraónica T4 la costeamos entre todos y, si caen unos Juegos Olímpicos, también los pagaremos ustedes y yo, queridos lectores. Que pasen ustedes un buen verano.

15-VII-11, Ramon Solsona, lavanguardia