´¿Por qué la prensa amarilla no cuajó en España?´, Gregorio Morán

¿Por qué la prensa amarilla no cuajó en España? Quizá porque exige algo que la gente, que en este país sería compradora ideal de "un tabloide", no está dispuesta a hacer todos los días. Lo puede hacer de vez en cuando, pero no por costumbre. Leer. Hasta el periódico más basura del mundo, el más amarillo entre los amarillos, el que lleva titulares en rojo y una sola palabra en la portada, hasta ese exige leer la continuación en páginas interiores. Cuando los dispendiosos promotores de Claro,el mayor proyecto entre los que conozco de prensa amarilla en España, tomaron como ejemplo el Bild alemán, había algo que puede parecer chocante y hasta ofensivo, y es que incluso el Bild germano exige ser leído. Hay un esfuerzo, por mínimo que sea, para una actividad del todo insólita: leer frases completas que, por muy simples que sean, constan de sujeto y complemento, y en el caso alemán con subordinadas hasta que llegas al verbo. Fracasó. ¡Y cómo no iba a fracasar entre nosotros!

Algo que lleve letra impresa es difícil que sea de masas en este país. Incluso los semanarios más leídos, tipo Hola,lo son porque se componen de fotografías, y los textos se limitan a ilustrar las imágenes. Por eso triunfó la radio en su momento y por eso ahora arrasa la televisión. No exige ni el más mínimo esfuerzo; hasta el mando funciona con un dedo y sin moverse del sitio. En otras palabras, que la prensa amarilla plantea algunos interrogantes que no pueden despacharse con frases hechas, y uno de ellos, fundamental, es el de la opinión pública. ¿Hasta dónde llega la credulidad de la ciudadanía? ¿Dónde está el límite de las tragaderas de un lector? Permítanme el sarcasmo: mientras estén acostumbrados a leer, no hay nada perdido definitivamente.

¿Se puede manipular a la opinión pública de la misma manera, es decir, con la misma facilidad, desde una prensa amarilla que a través de una cadena televisiva? Yo creo que no, porque el impacto de la pantalla es muy superior y apenas si hay elementos de distanciamiento -valga la pedantería brechtiana- entre lo que se ve y el encandilamiento que produce. Nosotros no tenemos ningún problema de prensa basura de masas, sí de televisión basura, y aquí es donde entramos en el meollo del asunto. Si existe una prueba contundente de la fragilidad, por no decir inexistencia, de opinión pública en España es la imposibilidad de abordar la televisión basura y las falsedades manifiestas en las informaciones.

16-VII-11, Gregorio Morán, lavanguardia