(nueva) hambruna en el Cuerno de África

La ayuda llega con cuentagotas a los paupérrimos territorios del Cuerno de África.Los números cantan. La OCHA, la agencia de la ONU encargada de coordinar las emergencias humanas, deja constancia en su último informe de que de los 1, 25 millones de niños que necesitan ayuda urgente en el sur de Somalia, 640.000 sufren malnutrición aguda. La segunda parte es que, siempre según los datos de la OCHA, sólo 81.000 de estos menores han recibido alimentos para intentar mejorar su estado de salud, además de los 30.000 hogares que se han beneficiado de la ayuda enviada desde Kuwait. La coordinadora de la OCHA, Valerie Amos, ya advirtió hace unos días de que "esta no será una crisis de corta duración". La situación de emergencia se prolongará durante varios meses y el número de personas afectadas podría pasar de los actuales 12,4 millones a superar los 15 millones.

La ayuda llega a una minoría de la población somalí pues sigue habiendo muchas zonas en el sur del país que continúan siendo inaccesibles, argumenta Elena Sgorbatti, responsable de acción humanitaria de Intermón Oxfam. La milicia islamista Al Shabab, vinculada a Al Qaeda, veta la entrada a las zonas que controla a agencias de la ONU y a oenegés. Pero este no es el único problema al que se enfrenta Somalia. Una de las peores sequías de los últimos sesenta años y el elevado precio de los alimentos han hundido en la más absoluta miseria a millones de personas de este país y también de Kenia, Etiopía, Yibuti, Uganda... Los 4,5 millones de hambrientos que, segun la OCHA, malviven en Etiopía se enfrentan a un futuro inquietante.

El hecho es que el precio del trigo en el mercado de la capital, Adís Abeba, se sitúa un 81 por ciento por encima del registrado hace un año.

En las zonas etíopes afectadas por la escasez de agua uno de cada cinco niños sufre malnutrición. La ONU ha alertado de que la declaración de hambruna en dos regiones de Somalia se podría ampliar en breve a otras cinco o seis zonas.

Valerie Amos remarca que la gravedad de la situación ha hecho que el llamamiento hecho a la comunidad internacional para recaudar mil millones de dólares, para hacer frente de manera urgente a la emergencia, ya se ha quedado corto. La cifra que ahora se estudia se eleva a los 1.400 millones.

Mientras, siguen llegando familias famélicas a los campos de refugiados de Kenia y Etiopía, que albergan a unas 600.000 personas, y los muertos se cuentan por decenas de miles. Y la crisis viene de lejos y va para largo.

3-VIII-11, R.M. Bosch, lavanguardia

Más de 9.000 somalíes llegan cada semana al gigantesco campo de refugiados de Dadaab, en Kenia, construido hace 20 años para albergar a 90.000 personas pero que ya se acerca a las 400.000. Muchas de las familias que piden comida y cobijo en Dadaab y en los otros campamentos habilitados en Kenia y Etiopía proceden de zonas de Somalia donde la ayuda humanitaria está vetada por la guerrilla islamista Al Shabab. "Tenemos dificultades para movernos y hacer una evaluación sobre el terreno de la situación en algunas zonas de Somalia, pero sólo con ver el estado en que llegan los refugiados está claro que debemos acudir allí e intervenir", explicaba ayer desde Nairobi por teléfono Xisco Vilallonga, responsable de programas de Médicos sin Fronteras (MSF) en Kenia, Etiopía y Somalia.

Al mismo tiempo que el representante de MSF alertaba sobre las terribles condiciones de vida en Somalia, la ONU elevaba a cinco las regiones de este país del Cuerno de Áfricaque se encuentran en situación de hambruna: el corredor de Afgoye, a las afueras de Mogadiscio, la propia capital y Medio Shabelle se suman a las ya decretadas el pasado 20 de julio: Bajo Shabelle y Bakool. Las Naciones Unidas declaran la hambruna cuando más del 20% de los habitantes sufre graves carencias alimentarias; cuando la malnutrición aguda afecta a más del 30% de la población y cuando la tasa de mortalidad supera diariamente a dos personas por cada 10.000.

"Esta es la peor crisis alimentaria desde las hambrunas de Somalia de los años 1991 y 1992", subrayaron ayer las Naciones Unidas en un comunicado. Y temen que lo peor esté por llegar debido a los altísimos niveles de malnutrición infantil, la persistente sequía y el continuo incremento del precio de los cereales.

"El 17% de los niños menores de cinco años llega a Dadaab con malnutrición severa, y la malnutrición global, que es la suma de la severa y la moderada, alcanza al 37% de todos los refugiados", explica Vilallonga. A causa de la desnutrición muchos de estos pequeños sufren complicaciones médicas, "como infecciones respiratorias, diarreas o deshidratación, lo que requiere su hospitalización en nuestras unidades de cuidados intensivos nutricionales", añade.

MSF lleva 20 años trabajando en Somalia a pesar de que, según asegura Vilallonga, siempre se ha negado a pagar los impuestos que Al Shabab exige a las oenegés que quieren trabajar en el territorio que controla esta milicia. Lo que no puede asegurar MSF es que Al Shabab no haya extorsionado al personal de esta oenegé (1.400 somalíes) y también a sus pacientes.

Desde la provincia de Turkana, en Kenia, Irina Fuhrmann, de Intermón Oxfam, alerta de que allí la situación también es gravísima por la sequía: "La gente cuenta que desde hace cinco años no llueve; hoy un pastor me ha dicho que ha perdido al 40% de su ganado. Sorprende que incluso mueran camellos. Aquí la gente depende de la asistencia humanitaria: hace falta comida pero también ayuda a largo plazo".

4-VIII-11, R.M. Bosch, lavanguardia

Durante su viaje de dos meses a pie entre Somalia y Kenia, Habiba Nur perdió la única forma de vida que conocía, pero ganó una nueva con el nacimiento de su hija. Salado tiene apenas seis días. Nació en algún lugar a lo largo de los polvorientos caminos que decenas de miles de somalíes usan para llegar al campamento de refugiados de Dadaab, en Kenia, mientras buscan escapar a una lenta pero segura muerte de hambre en su país natal.

Habiba, de 24 años, llegó esta semana a Dadaab junto a su marido y sus tres hijos: Aden, de ocho años; Boro, de seis, y Ahmed, de tres. La mujer, en estado ya avanzado de gestación, no tuvo más opción que huir mientras la peor sequía en más de medio siglo en el Cuerno de Áfricapone millones de vidas en riesgo. "Di a luz a este bebé en el camino, sin ninguna asistencia. No había ni un árbol ni un arbusto debajo del que sentarse", explicó. "Los hombres no ayudan en estas cosas. Ni recuerdo cómo fue. Pero perdí tanta sangre que mi esposo dice que estoy anémica y por eso pierdo la memoria y la visión frecuentemente", contó Habiba. "Si no hubiera sido fuerte y si mi esposo no hubiera estado conmigo, habría dejado a uno o dos de mis hijos en el camino. Algunas madres hicieron eso con los enfermos", añadió.

Como acaba de llegar, Habiba aún no recibido raciones de comida ni ha sido sometida a los chequeos médicos que se hacen para registrarse en Dadaab, por lo que su familia subsiste gracias a la generosidad de otros somalíes más asentados. "Por lo que veo, mi bebé parece estar bien. Pero nunca la llevé a un doctor ni sé dónde hay un hospital".

Hasta que sigan el proceso oficial, esta familia de seis miembros debe vivir en una tienda destartalada. No había comida en Diinsor, su pueblo natal en el centro de Somalia. Aquí, al menos, les dan algo de avena para empezar y les prometen maíz, aceite, legumbres y arroz.

Hay unas 29 tiendas similares en un terreno árido cerca de Dadaab, donde esperan los recién llegados. Ellos dicen que tienen más suerte que aquellos que apenas recibieron algo de comida y buscan refugio bajo los árboles hasta acceder a material para levantar una tienda.

También procedente de Diinsor, Habiba Habibul, de 40 años, llegó a Dadaab hace un mes. Dice que caminó tantos días que ni siquiera pudo llevar la cuenta: quizá fueron 16, quizá 36. Habibul puso a sus siete hijos en una carreta, usualmente tirada por burros, y cruzó la frontera en Dobhley junto a su cuñado.

"Nos fuimos por la tremenda hambruna, no por la violencia. Perdí algunos hijos antes de la sequía. Pensé que si bien algunos más podían morir en el camino, quizá algunos sobrevivían llegando a Kenia".

4-VIII-11, A. Ramaswamy, lavanguardia