los diamantes vuelven a ensangrentarse

Tiseke Kasambala, investigadora de Human Rights Watch, trae malas noticias de Zimbabue. Lo cuenta con un punto de rabia. "Lo mataron los perros de los guardias, a mordiscos…", empieza. Una semana antes, cuando visitó la región diamantífera de Marange, en la frontera con Mozambique, Kasambala escuchó relatos que han provocado un terremoto en el mercado internacional del diamante. "En el 2008 la violencia fue terrible, luego mejoraron las cosas, pero desde enero se han incrementado los abusos por parte de la policía y los guardas de seguridad que atacan con extrema dureza la minería ilegal".

El descubrimiento de la que según los expertos sería la mayor reserva de diamantes del mundo - las minas de Marange podrían generar entre un 20% y un 40% de la producción mundial-ha destapado un entramado de codicia, violaciones de los derechos humanos e intereses políticos con olor a podrido. Y a dinero. Se calcula que las ventas de los diamantes de Marange podrían producir unos 1.200 millones de dólares anuales.

El momento es clave. El aumento de los controles había herido de muerte el comercio de diamantes ensangrentados, como se conoce a las gemas que se utilizan para financiar conflictos: en los años 90, el 15% de las piedras preciosas estaban manchadas. Hoy menos del 1%. Pero para la ONG Global Witness los logros están a una coma de irse al traste: "Gracias a la impunidad y violencia en Zimbabue, los diamantes ensangrentados han regresado al mercado internacional", grita desde hace un año. Esta semana, la BBC desveló que se han localizado campos de tortura en Marange donde se producían brutales palizas y violaciones. Las víctimas son mineros ilegales a quienes la policía o el ejército mantiene alejados a golpes o habitantes de la zona a quienes obligan a trabajar como semiesclavos para hacer negocio en el mercado negro. El ministro de Minas zimbabuo tildó la acusación de "propaganda barata".

Aunque en el 2009 el Proceso de Kimberley (PK) - sistema de certificación con representantes de estados, industria y de la sociedad civil diseñado para evitar que diamantes de conflictos entren en el mercado-prohibió la venta de las gemas de Marange tras el asesinato de 200 mineros ilegales en la zona, el negocio es demasiado redondo como para tener fácil solución. El cable diplomático destapado por Wikileaks en el 2010 Las élites del régimen saquean los mortales yacimientos de diamantes denunciaba que "en un país lleno de esquemas corruptos, el negocio de los diamantes en Zimbabue es uno de los más sucios".

La situación dio un giro radical el pasado junio. Pero a peor. El presidente del PK, Mathieu Yamba, anunció que levantaba la prohibición de exportar diamantes de Marange. Varios países africanos, con Sudáfrica a la cabeza, India y Arabia Saudí aplaudieron a Yamba mientras que Estados Unidos, Canadá y varias oenegés se pusieron las manos a la cabeza. En realidad, el presidente del PK no ha autorizado el levantamiento de la prohibición, ya que todas las decisiones se deben tomar por consenso y el acuerdo está en stand by,pero su gesto desveló una profunda fractura entre los miembros del organismo.

Para Nadim Kara, analista de la oenegé Partnership Africa Canada, "Sudáfrica, de forma muy sorprendente, ha decidido apoyar a Mugabe a riesgo de destruir su reputación y el PK". La sombra de intereses políticos está encima de la mesa. El diario sudafricano Mail & Guardian reveló que una ex asesora de Zuma, y que codirige una compañía con el hijo del presidente sudafricano, compró una parcela de diamantes en la controvertida zona valorada en un millón de dólares. El Ejecutivo de Harare, por su parte, denuncia que Occidente quiere utilizar el PK para desprestigiarlo e imponerle sanciones.

El problema de base es una definición. Según el PK, el diamante ensangrentado es aquel que sirve de fuente de ingresos de rebeldes en un conflicto. No dice qué ocurre si el abuso es del Gobierno. Kara pide un poco de cordura: "Al consumidor no le importan los detalles legales, quiere diamantes limpios. El abuso a los derechos humanos es igual si lo provocan rebeldes o un gobierno".

Annie Dunnebacke, de Global Witness, denuncia que las palizas en Zimbabue se repiten a diario por lo que "el Proceso Kimberley ha sufrido un enorme golpe en su credibilidad y efectividad". Lo que denuncia es el sistema: "Hay muy poca transparencia en la trazabilidad de la cadena de producción de diamantes. Un comprador de gemas en Londres, o de Nueva York no tiene garantías fiables de que las piedras son de zona libre de conflicto".

Para Steven Benson, del Consejo Mundial del Diamante, no hay que exagerar. No en vano, según las cifras oficiales y mientras no empiecen a venderse las gemas de Marange, más del 99% de los diamantes en el mercado legal están limpios. "Una de las razones por las que las guerras de Angola o República Democrática de Congo acabaron es porque los rebeldes perdieron su fuente de ingresos gracias al aumento de controles", explica.

Actualmente, Costa de Marfil es el único país africano del que no es posible obtener diamantes de forma legal (la prohibición en Zimbabue sólo afecta a las minas de Marange). Otra cuestión es que los diamantes sangrientos sean historia. En abril y mayo, las fuerzas angoleñas expulsaron, con palizas arbitrarias y violaciones, a 30.000 mineros ilegales. Según un informe de International Crisis Group, en la República Centroafricana la situación también es turbia: "Los diamantes están alimentando ciclos de pobreza y conflicto de una forma similar a la de Sierra Leona o Liberia en los 90 y el 2000. La escala del problema es menor porque tienen menos diamantes y grupos armados menos organizados, pero el sufrimiento humano es tan real como entonces".

14-VIII-11, X. Aldekoa, lavanguardia