´Sociolingüística judicial´, Salvador Cardús

No nos equivoquemos: los jueces no practican la sociolingüística. Toman decisiones que afectan a la política lingüística, sí, pero siguiendo principios jurídicos. Cuando el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya hace público su ultimátum al Departament d´Ensenyament a fin de que en dos meses cambie el modelo de uso lingüístico escolar utilizado desde la recuperación del autogobierno, no hace otra cosa que aplicar la ley. Más concretamente, aplica una sentencia del Tribunal Supremo, y este la dicta -a partir de una denuncia-a tendiendo la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el último Estatut de Catalunya. Los jueces simplemente aplican el orden constitucional establecido, que establece normas que no se basan en absoluto en conocimientos de sociolingüística, sino en un modelo de nación española unitarista y, en consecuencia, que quiere garantizar como sea la supremacía jurídica y social de la lengua castellana.

No se trata tampoco de la defensa de supuestos derechos naturales de los individuos. Si fuera así, los tribunales tendrían que obligar a todas las escuelas españolas a atender en su lengua a los niños que en casa hablan árabe, o quechua o rumano. No: no va de derechos humanos, ni de teorías educativas ni de sociolingüística. Va de aplicar una sentencia que responde a la obsesión homogeneizadora del nacionalismo español. El problema viene de antiguo. Es preconstitucional, por así decirlo.

Amadeu Cuito explica una anécdota muy significativa en Memòries d´un somni (Quaderns Crema, 2011). A principios de los 60, en una conversación con su secretaria en la oficina que tenía en Madrid, intentaba convencerla de la conveniencia de la escolarización en lengua catalana en el caso de una escuela del Montseny a la cual el Ministerio había enviado una maestra española que no sabía catalán. La secretaria, a pesar de ser una persona abierta,, que hablaba y escribía inglés y francés, , le respondió: "No, no, no. Porque si la maestra les enseña catalán, después ustedes no me parenderán el castellano". Una respuesta donde lo relevante es este posesivo -y colonial- "no me aprenderán". Lisa y llanamente: para la actual concepción constitucional de la nación española, la diversidad lingüística sigue siendo una amenaza y una anomalía que liquidar.

9-IX-11, Salvador Cardús, lavanguardia